14/09/2009

Son las cuatro de la madrugada, y no puedo dormir. Miro fijamente sin pestañear el techo, cinco, diez, veinte minutos y pienso, espero, doy vueltas en las cama. Por quinto día consecutivo le envío un SMS a R. y no obtengo respuesta. Marco su número: 679679.....y salta el contestador. Frustración, deseo de insultarlo, de decirle que lo amo y sin embargo: silencio, un silencio que avanzan hasta mi cama y me posee. ¿Cuántas veces ha sucedido lo mismo? ¿Cuántas veces me aferro a lo intangible para mitigar un vacío que no se llena con nada? Cada vez que me miro al espejo, me doy cuenta que sigo viva y es entonces cuando deseo huir muy lejos de aquí....

Etiquetas:

 
posted by Patricia Venti at 23:27 | 1 comments
Había una vez un hombre llamado Josef que caminaba sin descanso de un lado a otro de la habitación, de pronto se detuvo muy cerca de mí y me inmovilizó mientras yo luchaba por zafarme de aquellas manos sabiendo que era inútil. Comencé a gritar, cada músculo se convirtió en un cuchillo, la saliva en flema. Súbitamente sus nudillos se estrellaron contra mi boca y un hilito de sangre me bordeó la comisura de los labios. Quedé a oscuras, regresé a la adolescencia. Me dio un empujón, traté de escapar, caí y no pude levantarme. Desde el suelo, la perspectiva era turbia. Se mezclaron en mí sentimientos contradictorios: la víctima y el verdugo, debían morir. Sólo se escuchaban los alaridos de un loco, el dolor quedó encerrado en la garganta, los gemidos me habían llenado la boca. Estaba despierta preparándome para la rigidez de la muerte.
Exánime del combate, el hombre salió deprisa de la habitación. Me levanté, yo cojeaba de una pierna. Entré en la cocina y cerca de la puerta estaba él, esperando a su animal herido. Sin dudarlo, agarré unas tijeras del estante.

-¡Te voy a matar!- le dije.
-Tranquilízate- respondió asustado.
-¡Cerdo!
-Por favor...
-Si te acercas, te mato.
-Tranquilízate, juro que no volveré a pegarte.
-¿Por qué lo hiciste?
-No sé, perdí el control.
-...¿me quieres? -balbuceé.
-Por supuesto, y tú lo sabes.

Josef se alejó, el miedo rozó el miedo. Los quejidos se convirtieron en una agonía lenta. Intempestivamente se giró abalanzándose sobre mí, intentó desarmarme, pero esta vez tropezó con el mueble rodando por los suelos. Pasé por encima de él, me sentí a salvo viéndolo indefenso. Antes de irme, dejé las tijeras en la mesa y entendí por qué los hombres, al igual que las ratas, exterminan a miembros de su propia especie.
 
posted by Patricia Venti at 14:46 | 1 comments
16/08/2009
REQUIEM

Mientras se va desdibujando
una historia antigua
espacio para la ausencia,
recuerdo la tarde que enterramos a mi padre.

Ese día
una lluvia cayó
sobre nosotros
dejándome abrojos, espinas
y malos recuerdos
en las manos.

Quizás mañana
emprenda
el viaje de regreso
a la casa de la infancia
donde la única salida
es un espejo.

Hablo desde el fondo de un pozo,
se me borró
el rostro
los nombres
la mujer sin miedo al vacío.

Quiero recordar a mis muertos
por última vez.
Hágase el silencio.
 
posted by Patricia Venti at 14:31 | 0 comments
12/12/2008
Chant IX





Alzo mi mano con un cuchillo en la noche

y busco un corazón donde hundirlo.

Espejo de un rostro sin ternura

sortilegios para combatir las ausencias

pero ¿quién teme a un ángel?

Etiquetas:

 
posted by Patricia Venti at 9:17 | 1 comments
24/11/2008
SEÑOR MONOPOLIO

1962. En un lujoso salón de una mansión de tres plantas en las afueras Madrid, se encuentra Joan Aubert, un hombre de 82 años, delgado, bajo, calvo, y con gafas. Allí, sentado en un sillón, recibe a Raimundo Bergen, su mano derecha. Este le informa que ha comprado el códice del Poema del Mío Cid para donarlo a la Biblioteca Nacional. Aubert hace un gesto de aprobación y llama a su secretario Bernardo, quien entra en la habitación con una carpeta de papeles y se la entrega. Sin decir nada, sale de allí y se embarca en un dodge dart que lo espera en la entrada de la casa. Es un día gris, casi ha anochecido, y mientras recorren la carretera hacia Santa Marguerida, Mallorca, Joan abre un poco la ventana y mira unos cultivos que le hacen recordar la madrugada del 29 de abril de 1909. En el barranco de Cala Casells unos carabineros vigilan la costa en espera de un alijo de tabaco proveniente de Argel. En el momento que se produce el desembarco de la mercancía, los carabineros caen sobre los paisanos, aprehenden los fardos pero no logran capturar a los cabecillas: Joan Aubert y el joven Rafael Garay. Ambos huyen a caballo por la sierra. Esa madrugada, obedeciendo órdenes de la Jefatura policial de Palma, los carabineros entran en Santa Marguerida y arrestan a varios vecinos como muestra de la nueva política policial de inflexibilidad respecto del contrabando. Simultáneamente, en la casa familiar, Joan Aubert convence a Rafael Garay para soliviantar juntos a la población. Los dos se enfrentan a los carabineros –pistola en mano y arropados por todos los vecinos, quienes arremeten violentamente contra los guardias y recuperan el alijo.


Joan Aubert siente un poco de frío y sube la ventanilla. El coche pasa por una estrecha carretera flanqueada por paredes de piedra seca y salpicada de fincas. A lo lejos observa la heredad Son Capellet de Santa Marguerida, emplazada delante del Puig de Bonany, montaña cuya vegetación mediterránea rodea senderos de gran belleza. Allí, en 1911, él conoce y corteja a Leonor –hija de una adinerada familia mayorquina– y en Julio contrae matrimonio con ella. El día de la boda boda, toda la clase política mallorquina se da cita en la finca, también llegan en automóvil personalidades de la política nacional, entre ellos, el presidente de la Compañía Nacional de Tabaco y el Ministro de Hacienda de España, Santiago Alba. El padrino de la boda es el padre de Rafael Garay, Josep, un hombre rudo que ha venido desde Argelia. Josep es el socio de Joan y dueño de una gran fábrica de tabaco en aquel país. Ambos se abrazan en señal de amistad inquebrantable y dejan sola a la novia. Reunidos en presencia del cónsul inglés, Joan lo convence para expandir el negocio al contrabando de armas. Días más tarde, ambos se trasladan a Argel y comienzan a tender lazos con las Kabilas del Rif, dejando al joven Rafael Garay a cargo de la protección de Leonor en Mallorca y la gestión temporal del negocio.


1914. Ha estallado la Gran Guerra. Las embarcaciones de Joan Aubert trafican libremente con tabaco hacia España y armas a Marruecos, bajo la protección de la bandera británica. Joan Aubert, desde una roca de Gibraltar presencia la destrucción de un mercante inglés torpedeado por un submarino alemán. El mallorquín guarda la calma, observa fríamente el ataque al lado de un alemán llamado Willem Canaris, con quien conversa. Una semana más tarde, un caballo montado por Rafael Garay galopa hacia Cala Casells donde el mismo submarino alemán ha recalado. Joan Aubert y sus hombres lo reabastecen secretamente de gasóleo y alimentos. El joven Rafael debería haber estado allí dirigiendo la operación. Joan le recrimina fríamente su retraso, lo tacha de mujeriego e irresponsable.


El coche de Joan Aubert se detiene frente ante un paso a nivel ferroviario. El mallorquín hace un gesto amargo, se apea del vehículo y camina hacia un pequeño cementerio, recuerda fugazmente una serie episodios del pasado. Muchos años antes, en otro paso a nivel, Rafael Garay es violentamente asesinado. Sus amigos le propinan decenas de cuchilladas, le escupen y lo dejan muerto junto a la vía. Mientras tanto, en otro lugar, el empresario Aubert le está dando la mano al presidente del Gobierno de España, Romanones, quien lo ha recibido en su despacho y acaba de otorgarle la concesión de una compañía de barcos, la Trasmediterránea; el presidente espera continuar en el futuro aquella relación provechosa. A la mañana siguiente, Aubert reconoce el cadáver del joven Garay, responde a preguntas incómodas del juez y traslada personalmente el féretro a Santa Marguerida, el pueblo grita “Aubert asesino” y su mujer, Leonor, le da la espalda en público. La relación entre ambos demuestra una tensa incomunicación.


1921. Las tropas españolas han sucumbido en Annual. El nuevo gobierno está repleto de desconocidos para Aubert. El nuevo director de la compañía nacional de tabaco, el ingeniero Bastos, tiene como objetivo básico la guerra al contrabando. Apresa los barcos de Aubert con inspectores bien pagados, y sobre todo, adquiere maquinaria para la fabricación de tabaco. La calidad del tabaco legal es mejor y se vende a mejor precio que el tabaco de contrabando. El peor parado de la guerra del tabaco es, sin embargo, Josep Garay. Su fábrica de tabaco en Argelia atraviesa problemas económicos y su antiguo socio Joan Aubert, lo ignora y desdeña sus cartas de reconciliación.


El magnate mallorquín, quien reside temporadas en Palace de Madrid, sentado en su habitación, rechaza a tres caballeros que le solicitan 2 millones para financiar al partido republicano y poner fin al sistema monárquico. Sus objetivos son distintos: Gracias a su poder mediático, ahora traza planes para convertirse en diputado monárquico, que le permitiría proteger y hacer medrar sus propios negocios. El cambio no le interesa. El día en que Aubert recibe su acta de diputado en el Congreso, Josep Garay –abrumado por la falta de liquidez y los deseos de venganza– pide audiencia al general Primo de Rivera –jefe del ejército español y furibundo nacionalista–, para quien la guerra de Marruecos es una preocupación máxima. El contrabandista de Argel, le explica al general el papel que ha tenido Aubert como traficante de armas, rearmando a Abd el Krim, el lider sublevado del Rif. A cambio de delatarle, Garay pide que se reabra el juicio contra el mallorquín por el asesinato de su hijo. Primo, asqueado por la figura de Aubert, va más allá y promete que un día muy próximo lo fusilará en paredón cuartelario.


1923. Primo de Rivera se ha convertido en dictador de España. El juicio contra Aubert se reabre. Sin embargo el mallorquín logra a través de Willem Canaris –ministro de la marina de Guerra alemana y conocido suyo desde el episodio de los submarinos en Gibraltar– una entrevista con Primo de Rivera. Frente a la ira del general, Aubert actúa con enorme frialdad y ofrece a Primo una relación provechosa, pero esta vez no enteramente basada en el dinero. Gracias a su amistad con Willem Canaris –que asegura una cooperación técnica con la marina alemana– está en disposición de financiar la construcción en sus propios astilleros de una veintena de buques de transporte necesarios para aumentar el poder naval español y vencer en la campaña africana. Primo de Rivera, que ve unidos sus intereses militares a los intereses económicos de March, cierra la entrevista con un apretón de manos y esa misma mañana, cuando el mallorquín debe declarar ante el juez –con su ex socio argelino como testigo principal– el magistrado es reemplazado. Protegido por sus guardaespaldas, Aubert recibe impertérrito las hoscas increpaciones de Josep Garay, derrotado y avejentado.


Las rotativas de Aubert lanzan portadas de periódico que ilustran, una tras otra, botaduras de barcos con nombres de la familia real. Aubert juega con sus hijos en Son Capellet, cuando recibe la inesperada noticia del fin de la Monarquía. Vuelve a Madrid a toda prisa con su amante Matilde. El ambiente no le es contrario. Los nuevos políticos republicanos –a quienes había rechazado financiar– han constituido en las Cortes una comisión para levantar su inmunidad parlamentaria. Por la mesa de la comisión pasan todos sus enemigos. Primero el ingeniero Bastos –que lo declara un desalmado contrabandista–, ante quien Aubert se defiende con astucia. A continuación, interviene toda una cohorte de testigos presenciales de sus tratos económicos con Romanones y Primo de Rivera –que lo tachan de taimado corruptor–. En mitad del revuelo la comisión llama a Josep Garay. El viejo contrabandista renqueante, le lanza una mirada vengativa y lo acusa de asesinar a su hijo; acto seguido deja sobre la mesa una prueba documental: cartas personales escritas por su mujer, Leonor, a Rafael Garay.


El anciano Aubert está frente a la tumba de Rafael Garay en Santa Maragarida. Se echa las manos a la cabeza y pronuncia “lo volvería a hacer”. Recuerda los días siguientes a su boda. Leonor descubre poco a poco que está casada con una persona distinta de aquella de quien creyó enamorarse. Al poco, Aubert marcha a Argel y abandona a su mujer durante meses, confiada a la protección a Rafael Garay. Por las mañanas, el joven dirige las actividades de contrabando y concede favores a los vecinos, que lo tiene como un buen protector. Por las tardes corteja a Leonor. Por las noches frecuenta los prostíbulos. Leonor se enamora de él y le escribe cartas. Una de ellas por equivocación viaja en un barco de vuelta a Argel y Aubert la lee. Muestra un dolor inmenso y después, fríamente, diseña el asesinato de Rafael Garay.


La comisión dicta el levantamiento de la inmunidad parlamentaria de Aubert. El mallorquín ingresa en la prisión de Talavera anonadado. Pero pronto, la prisión se asemeja a una oficina de Aubert. Dispone de habitaciones privadas para despachar sus negocios, ordena la quema de sus libros de contabilidad, mueve su capital hacia bancos europeos y tiende puentes con el nuevo presidente de la república, un viejo conocido suyo: Lerroux, alias el botines. Una vez que se siente fuerte decide dar el paso definitivo. Una noche todos sus familiares, criados y colaboradores mallorquines entran en la prisión en autobús. Al mismo tiempo, en Argel, dos sicarios están proponiendo un trato a Josep Garay. En la prisión, sus familiares se despiden de Aubert, que monta en un coche. La guardia de la prisión lo detiene en la entrada, para a continuación, acomodarse toda ella en el autobús, recibir un sobre con dinero y huir en masa. En Argel, los sicarios asesinan a Josep Garay.


Las rotativas de medio mundo sacan la noticia de la fuga de Aubert a Gibraltar. El cónsul inglés, amigo de negocios desde los viejos tiempos del contrabando de armas, lo recibe y ayuda. Aubert marcha a París.


Un automóvil sedán negro se detiene en un banco londinense. Se apea Aubert. Deposita un cheque, que avala la utilización de un avión bimotor De Havilland. En las islas canarias, el mismo bimotor despega con Franco a bordo. Ha comenzado la guerra civil. Las bombas caen sobre España. Otro automóvil se para delante de la confederación de bancos suizos. Ahora el mallorquín negocia la apertura de una línea de crédito de 700 millones de dólares para las filas nacionales de Franco. Las escenas de guerra en España alcanzan un climax. Finales de 1939. Vistas de Madrid nevado. En un palacio, Aubert toma tranquilamente champán con Serrano Suñer, ministro franquista de Asuntos Exteriores. Esa mañana Inglaterra ha declarado la guerra a Alemania. Suñer le pregunta acerca de su posición en el conflicto, ya que los intereses del millonario mallorquín están repartidos por igual entre las dos partes en guerra, “al igual que los intereses de España”. Aubert sonríe. Cuenta al ministro falangista la historia del mercante con botas del pie derecho.


Un coche sedán negro estaciona frente al Foreign Office británico. Aubert baja del vehículo. Le espera el jefe de los servicios secretos de la marina, su amigo el viejo cónsul de Mallorca. Joan le ofrece adquirir a buen precio los buques alemanes requisados por la marina británica en todos los puertos del mundo a causa del bloqueo naval contra Alemania.


Al día siguiente, un coche sedán negro frena en la gran puerta de la cancillería de Berlín. Lo recibe el responsable de los servicios secretos de la marina es su amigo Willem Canaris. Aubert le ofrece suministrarle combustible y provisiones en sus propios buques alemanes que acaba de adquirir a bajo precio, y que ahora pueden volver a surcar el mar libremente.


1962. Se ha levantado la neblina en la comarca de Manacor. El anciano Aubert despierta de sus recuerdos y monta en su dodge dart. En la recta de álamos que emboca en Santa Marguerida, el automóvil se accidenta. Aubert, malherido, es llevado a su casa-palacio. Recibe la confesión de un sacerdote, que sale demudado de la habitación. Preguntado por las últimas palabras del millonario, afirma que Aubert dijo después de confesarse: “Acabo de hacer el mejor negocio de mi vida”.

La portada del Financial Times habla de la muerte del mayor financiero español de la historia, una de las mayores fortunas de Europa, persona de la máxima influencia y profundamente respetada.

Etiquetas:

 
posted by Patricia Venti at 19:07 | 0 comments

Sé que leerás estos versos
un día de invierno
cuando todo haya pasado
y siga pasando
en una habitación
donde las sábanas se enroscan
y una maleta habla del viaje mil veces postergado.

En la pantalla del ordenador

se agolpan imágenes sin sonido
en tanto,

mis ojos no encuentran el poema
leído hasta el cansancio.

Camino por la cocina
con un libro en la mano,
las líneas se cruzan,
tengo sed.

Sé que leerás estos versos
en un andén
mientras ves pasar el tren de las 7:50

y regresas corriendo escaleras abajo
hacia la desgracia que nunca te atreviste
a nombrar.

La desgarradura
no tiene nombre,
¿dónde situarla?
¿entre la amargura y la esperanza?

Sé que leerás estos versos
casi en el umbral del dolor,
a la espera de que todo cambie
para que todo siga igual.

No tengo nada
contra la vida,
conozco bien
el rumor de las hojas,
las primeras gotas de rocío,

el deseo recorriendo mis labios,
pájaros en pleno vuelo.

La cuestión es sencilla:
los suicidas poseemos
un don especial,

sabemos tallar nuestra tumba
palabra por palabra.

Sé que leerás estos versos,
tarde, antes de abandonar la oficina,
en la lasitud de una calle desierta.

Hace tiempo he traicionado
mi cuerpo
poseído por el desamor,
pero esto no
importa,
solo se trata de una muerte lenta,
un viaje sin retorno,
ningún mensaje,
esta pasión más tibia que el agua,
sentimientos colmados de tristeza.

Etiquetas:

 
posted by Patricia Venti at 12:02 | 2 comments


Bogotá, 11 de enero 1961

La saludo en unión del niño y su esposo. La molesto para que me conteste porque he seguido muy mala, me dan muchos ataques que son de morirme y tengo días que no levanto la cabeza, estoy en un estado de postración terrible. Lo único que le pido es unas líneas suyas para tranquilizarme. Espero su consuelo y reciba un beso de su abuela.

Bogotá, 10 de Mayo de 1961


La noticia que debo comunicarte es penosa. Pura falleció el 5 de mayo a las 3 y media de la tarde, no fue posible -pese a todos los esfuerzos- salvarle la vida. La última carta que se le leyó fue la tuya. Consideré inutil ponerte un Marconi porque era mi poco lo que podría haberte dicho, ahora ya con un poco de calma, te envío esta carta que espero sepas recibir con resignación como lo mandan las circunstancias de lo inevitable.

Te cuento, aquí todos estuvimos muy acongojados por esta desgracia y en medida de nuestro propio dolor te consideramos aquí. Como ya te dije antes, tu carta le fue de gran consuelo y tranquilizó los últimos días de la vieja, pues como bien sabes, ella vivía recordante. Tu eras una de sus mayores preocupaciones y tal vez su mayor dolor consistió en no haberte podido ver. Hasta el último momento te pensó.

Por imposición mía se logró hacer un entierro bastante concurrido, con muchas flores y bastantes vehículos. Que por lo menos tratamos de hacer una despedida digna de la abuela y afortunadamente logramos plenamente el objetivo.

Una vez desparacida Pura, espero que nuestros contactos no se rompan y mantengamos una correspondencia regular. La ausencia de la vieja debe contribuir a acercarnos mucho más. Por el momento, es todo y dale saludos a Freddy. Por mi parte te seguiré pensando y considerando en estos momentos tan duros. Contesta pronto.


Santa Marta, 20 de junio de 1972

Hace tiempo que no tenemos comunicación de ninguna clase. Parece que ambos somos un tanto puntillosos. De todas maneras yo siempre por uno u otro motivo, estoy pensando en escribirte. Pero también por infinidad de pretextos lo aplazo constantemente. Ponte a calcular que aquí hace rato empezaron el tema de una bienal pictórica en Medellín, como sé de tus aficiones sobre el particular siempre te tuve en mente para mandarte cuatro letras, pero nunca lo cumplí. Ahora ya pasado el acontecimiento y con algunos recortes de periódico transnochados lo estoy haciendo tardiamente. Pero sé que debo hacerlo ineludiblemente.

El 28 de enero le envié una extensa carta certificada a Freddy. Le hacía una consulta y muchas preguntas. Obvio, que no me ha contestado. No me extraña su silencio pero quisiera saber si recibió mi carta. Por favor envíame las fotos que me prometiste, me refiero a las familiares, porque las de tus trabajos, me he resignado a no conocerlos. A propósito ¿seguiste con tus estudios de pintura y escultura?...¿Cómo va la preparación para la exposición? ¿A qué te dedicas en estos tiempos finales? Tu sabes que todo esto me interesa en gran medida.

En cuanto a mí, hay mucho que contar. Primeramente, no he conseguido ningún trabajo. Ahora si es cierto que ni siquiera un miserable remiendo. Total, esta es la época más mala de toda mi vida. Naturalmente que la falta de dinero me tiene descuadrado en todos los aspectos. Para empeorar las cosas, debo seis meses de arrendamiento y me están pidiendo que desocupe, pero estoy embotellado porque no tengo como hacerlo fuera. Y si pretendo continuar aquí, tengo que ponerme al día.

Como las cosas malas nunca vienen solas, para completar, en los últimos tres meses he estado bastante enfermo. Me tuve que hacer una infiltración en las piernas y estas me fallaron notablemente. Hasta el presente continúo muy impedido por rigidez y estado doloroso de ambas extremidades. Luego se me ha presentado un malón de estómago, medio maluco e infeccioso que durante mes y medio me han tenido con drogas e incomodidades. Blanca por su parte, también la afectó el mal estomacal. Así estan las cosas, estamos tomando medicinas y aguas de yerbas.

De la gente nuestra, sé muy poco. Este silencio, se debe a mi poco comunicación, y muchas veces demoro meses en contestar las cartas. Ultimamente, Teresa me contó que no ve a tus hermanas y tampoco mantiene correspondencia con ellas. No te alargo más esta carta y espero una respuesta tuya lo más pronto posible.


Santa Marta, 25 de febrero de 1974

Naturalmente estaba pendiente de tus noticias para estos tiempos o fechas, pues, me dijiste en la última carta, que tendrías una exposición. Ahora el 23 del corriente, acabo de recibir un cheque por USA de 232 dólares, envueltos con una hoja de papel que tenía escrito: “Maracaibo, 14 de febrero 1974. Saludos, todos bien”. Como ves muy laconico pero muy sustancioso, además como suprondrás oportunísimo.

De Freddy recibí una carta del 20 de enero. Fue muy atento de su parte, enviarme un frasco de tabletas para la artritis, y me dijo que estuvo contigo en las navidades. Según veo, se está adaptando a sus nuevas condiciones de vida y estudios en Londres.

Creo que el muchacho saldrá exitoso, en buena hora se fue a Europa, ya que la lucha por la existencia en estos tiempos es díficil, y por esas tierras es más fácil obtener una alta preparación en su especialización.

Hablando de mis cosas, te cuento que estoy mejor. Hace dos meses y medio hice una consulta con un nuevo doctor. Los médicos anteriores no me hicieron nada, al contrario me puse peor, hasta llegar al estado de casi la completa postración física. Estos comerciantes solo querían sacarme el dinero, mientras el galeno que me está viendo es bastante honesto. Según los últimos análisis, además de la artritis, tengo una deficiencia en la circulación periférica, algo de arteriosclerosis. Al tratar esta última dolencia, los resultados, como te decía, son óptimos y es por lo cual estoy en una lenta pero segura mejoría.

Ojalá que tus problemas de alojamiento se hayan resuelto favorablemente. Para la niña muchos cariños y para ti grandes abrazos.



Etiquetas:

 
posted by Patricia Venti at 11:14 | 0 comments


Compré una pizarra
donde voy anotando los planos correspondientes:
picado/contrapicado
aire/mirada
O sea la regla de los tres tercios.

Yo,
es el lugar egocéntrico que ocupo.
Mi vida es problemática,
caótica, casual.
La autoexperimentación
y el desorden son parte de mi rutina.
Desde la adolescencia
sufro de insomnio
y tomo diazepam para dormir.

Soy una mujer poco práctica,
es decir, consecuente con los sueños:
dejé de usar tacones
y fantaseo todas las noches con un hombre
que cada día olvido su nombre cada día)

Basta ya,
-no pienso repetirlo dos veces-
estoy enamorada.

Etiquetas:

 
posted by Patricia Venti at 10:31 | 1 comments



1. Encerrada


Estamos en verano, hace calor y necesito tomarme una Cocacola Light. Llego al bar y me encuentro con la primera escena: los machos ibéricos más lamentables del lugar están tomando carajillos junto a la barra....
Son las dos de la tarde, sólo los cuerpos con alta tolerancia a la estupidez pueden soportar este ritmo de existencia. La máquina tragaperras está que echa humo y el único periódico que se puede leer es “el mundo deportivo”.
Los hombres beben en silencio, alcanzando así el éxtasis y yo escupo esta Cocacola con sabor a trementina.
El momento es pura poesía.

Hubiera agradecido El país, aunque siquiera fuera por liberar mis ansias de injuria... Estoy empezando a sentir arcadas al tratar de describir los detalles de las paredes del mugriento local: La Virgen María, Rosa de O.T y una imagen taurina. Estoy de acuerdo. El orden parece coherente.

Pasan las horas. Son las dos de la madrugada. El último sorbo de 43 con Piña, vómitos en la taza del water, nuestras bocas, esta cárcel con conexión a Internet. Vuelvo a mi reducto y comienzo a escribir un poema. Me hago un café, fumo otro cigarro y comienzo Algo pero Algo es una bazofia equiparable a Algo. Y mi masa encefálica se desintegra al ritmo de Deftones con su hei vanity...y su yeaaa!...


2. Urgente


Estaba llorando desconsoladamente mientras él me acariciaba la espalda intentando confortarme, sin embargo R. ignoraba que mis necesidades estaban cubiertas e invertidas - ya sabes- estoy memorizando la sintagmática de Bell y la narratología de Freud. Estoy fraguando mi futuro de carne de FNAC y MediaMark. Nuestra relación del Post-it de las 5am funcionaba perfectamente, no obstante, para mejorar la comunicación, optamos por cerrar la gatera por debajo de la puerta.Ahora sólo necesito que rellene diariamente la cafetera y vacíe el orinal.

Mi habitación- cuchitril conjuga perfectamente con la toxicómana frente a la pantalla con cara de Alicia en el País de lo ya visto. Tiene toda la belleza del caos y el orden de mi literatura en ruinas. Ataúd de 2.5 metros cuadrados con vistas al bar de borrachos y al baño de la vecina. Alta concentración de nicotina y recuerdos encerrados en el armario.

Todo comenzó hace 30 años cuando mi madre me daba sendas palizas. Después de cada sesión de insultos, patadas e intentos de estrangulamiento, mi hermano iba a buscarme al hueco de la escalera donde me escondía y trataba de animarme. Pasaron los años y como mi madre no dejaba de humillarme, huí precipitadamente de casa. Por ello, la secuencia de comandos de mi hard drive sufrió sus desperfectos. Ahora proceso ciertos gestos erróneamente, substituyo sexo por ultraje y otras cosas por estilo.

Es posible que me haya convertido en una niña-monstruo o mejor aún, una mujer centrada en si misma. Violenta y desarraigada, quizás. Una princesita altanera que necesita llegar alto para demostrarle a los demás que puede ganar la partida.

Estas cosas se las estaba contando a R., (que se enredan con M. y con G y con esta casa en llamas), cuando me comenzaron a caer las lagrimas... Supongo que, en realidad, todo tiene que ver con haber tomado ciertas decisiones en el momento equivocado. Una secuencia de fotogramas en blanco y negro. Heridas a la que nadie le puso vendaje…

3. Stuttgarten


Ella se ha ido, estará en el metro pensado en nosotras y en lo que ha sucedido, sonreirá tan descaradamente sensual. Ahora escucho Stuttgarten, llevo dos vasos de agua-ardiente y proyecto liarme un porro mientras el documento de Word sigue vacío. Es viernes, necesito una ficción que me haga despegar, o tal vez un gramo de cocaína o quizás sexo…
Demasiado perturbada, todos los post que leo me conducen a la abstinencia, todas las ideas al sin sentido. Así, dos horas después de navegar por Internet, he logrado escribir una historia malísima:

La vida de Patricia era un parchís, donde las fichas siempre parecían llevarla de compromiso en compromiso. Hasta que un día, tuvo que hacer un alto en el camino. Y es que, cada vez que miraba hacia el futuro, siempre lo veía muy cuesta arriba. No por temas económicos. No por problemas relacionados con la salud. Su verdadero problema, consistía en que hasta la fecha, había sido incapaz de llegar a un acuerdo o compromiso satisfactorio con la persona más indicada, es decir, consigo misma. Por el motivo que fuese, siempre quedaba lugar a la imprevisible excusa que, en el último momento -o en el más inoportuno- acababa post-poniendo sus más genuinos deseos. Arrojándolos uno tras otro contra el acantilado de los más pegajosos y variados compromisos, así iba quemando sus sueños.

Dieciocho horas más tarde, rectifico mi conducta. Prefiero no hablar de mi vida porque me da igual escribir algo interesante, me da igual lo que piensen los demás, me da igual cautivar con estas líneas, me da igual que alguien deje de leer... La felicidad no está a vuelta de la esquina, ni siquiera a la vuelta de la página.


4. Ella dejó de soñar


Tengo una magnun 44 apuntando a mi cabeza. Está cargada, funciona y voy a disparar. Me escribes un email diciendo que he vulnerado tu intimidad causándote un gran daño y rozando la injuria. Te propongo que me lleves a los tribunales, pues sinceramente, no creo que pueda ayudarte. Me encantaría quedarme en la puerta del juzgado con mi perra asesina mientras me fumo un cigarrillo y ensayo mi defensa:


- Señora juez, perjuro que no publicaré mi nombre ni describiré las delicias de su coño.
- Pero, ¿Usted no sabe que los blogs biográficos están penados por ley ?
- Ups!
- Así que desnúdese.
- ¿Me lo quito todo?
- Sí...Los ojos también...
- ¿Algo más?
- Ya que lo dice, vaya poniéndose a cuatro patas que irán pasando los magistrados por orden de corrupción.


5. Llueve


Hace tiempo que vacío mi estómago en post-arcadas voluntarias. Fumo compulsivamente siete cigarrillos cada hora. Me alimento de un pasado y de un presente que augura tiempos peores. Aparte de esto, cabe destacar, que el hedonismo lo perdí cuando tomé mi último atajo: un callejón sin salida.
Me gustaría ser coherente con mis deseos y darme golpes de pecho, sólo para sentir que estoy viva. Porque el decálogo de RAE ha resultado insuficiente entre mis líneas, alguien dijo que existía el amor y era mentira...
Con los bolsillos llenos de deudas y un “Dont worry” resbalando de la boca, me llamas borracho para decirme: “ … te acuerdas de aquel día cuando llovía y te besé... Fue en Octubre del 99…”
Del-entonces-y-el-allí -sobran- todas- las- respuestas-y- aún- así: ¿Cuándo dejé de amar? ¿Cuándo empecé a sentir que su casa no era mi casa? ¿Cuándo pensé en tener un amante?
Déjalo ya, sal de mi vida, déjalo ya!... me encuentro preparada para el olvido, mi cabeza es un vertedero de reminiscencias radiactivas... Y aún así, insistes en venir a mi casa y acostarte conmigo.
Enciendo el décimo cigarrillo, escribo la última página de mi diario. Cursilería avanzada para adictos a la decadencia. En la televisión, la mujer del tiempo dice: "seguirán las precipitaciones en toda la península..." Efectivamente, no parará de llover.


6. Error


Una enfermedad nerviosa le impulsaba a arrancarse el pelo. Después de tres años de rozar más labios que ninguna otra, Marta conoció a un alemán y se fue a vivir con él. Ella fregaba la sartén de hierro, rascando con fuerza la grasa incrustada. Entonces, él la miró y le gritó:

-¡ Bájate las bragas!.
Esta vez, no le obedeció.
-Cabrón, ¡jódete !

Y entonces lo hizo, agarró fuerte el sartén y golpeó su cabeza una y otra vez, una y otra vez. El cuerpo del hombre se balanceó y cayó desplomado contra el suelo.
La sangre se expandió por el azulejo blanco de la cocina, las paredes se convirtieron en un tapiz de estrellas...
Marta limpió la sangre con una bayeta empapada en lejía, después arrastró el cuerpo hasta la habitación y, con gran esfuerzo logró subirlo hasta la cama. Se preparó un café y pensó que toda su vida se paró en el poso de la taza, en sus ojos inmóviles ante el reflejo, en su mente cargada de sueños imposibles. Toda su vida se paró ante el miedo.
Salió a la calle temblando. Encontró un hostal y pasó la noche en vela. Al día siguiente regresó a su casa. El cuerpo empezaba a desprender un olor nauseabundo. El olor era, esta vez, el límite en el tiempo.


7. Se acabó


Bajo mi sobresalto y con el desayuno dando vueltas (el café de las arcadas perpetuando mi vida insana) suena alguna canción y todo me parece una broma del destino. Hace tiempo que abandoné la poesía. ¿Y tú? ¿También haces el idiota con las palabras?
[ pues escribe algo bonito en los coments, anda! que estoy en “uno de esos días” ya sabes...Incoherencia-psicosis-desenfreno-tristeza-Dios-cambio-dimelotú o yoquesé...]
Toda esa basura que no se lee desparramada en 30 líneas con un periódico (el mismo que llevo toda la vida vomitando). Sólo eso. Si quieres más: dime que mañana irás a la iglesia. Prometo estar contigo para hacer algo grande.


8. Una mujer feliz


Marina siempre tuvo sueños de mujer desfragmentaba en trozos irreconstruibles. Ella se mantuvo casta y virgen hasta el matrimonio. Su novio Miguel, en cambio, follaba cada fin de semana con las señoritas del "club", pajeándose hasta sangrar en cabinas del "Sex Shop" y magreándose con becarias de la universidad. Eso sí, ambos asistían religiosamente a las reuniones familiares de los domingos. Mantuvieron su noviazgo durante tres años y el día de la boda, numerosas personalidades de la derecha más rancia se dieron cita allí. Con el precio del traje de boda, se hubiera podía alimentar a Gondar por tres meses. Pero Marina no sabía dónde estaba esa ciudad tercer mundista.
Cuando, se oyó el "sí quiero", las paredes de la iglesia retumbaron y muchas lágrimas resbalaron por labios artificiales de Botox.
Los primeros meses fueron muy dichosos.
Marina accedió a los favores sexuales de su marido siempre que este los requirió (fingía puntualmente sus orgasmos con sumisión y frenesí. Aunque todo esto no entrara dentro de sus principios católicos, había sido educada para obedecer y complacer a su marido).
Un año después, la unión había dado sus primeros frutos:
- Marina tenía un retoño y dos criadas ecuatorianas que hacían el papel de madres cuando ella salía de compras, de lifting, de peluquería o a desviar sus frustraciones en la sede del foro familiar.
-Miguel se daba cita varias veces a la semana con diferentes putas que se encargaban de concretar sus perversiones sexuales.
- Las familias de ambos habían llegado a buen puerto con la fusión de la empresas constructoras que gestionaban.

Cuando Marina se quedó embarazada de su segundo hijo, decidió que estaba harta de parir. Le dijo a su marido que tomaría anticonceptivos y como a él no le pareció buena la idea, le dio unas cuantas bofetadas y concluyó con una patada en la boca del estómago. A la familia se le informó que aquel aborto se había correspondido con los designios de Dios. Pero la vida debía continuar al lado de aquel indeseable, alternando palizas y violaciones anales... con bombones y sexo-calmo. La sombra lila bajo los párpados se estaba poniendo de moda. Marina, podía considerarse una mujer feliz.


9. Amantes

Hace mucho calor y la televisión sigue vomitando los titulares de las noticias. Me dices que la vida no es un jardín bucólico. Es cierto, nuestros pies se quedaron pegados al asfalto en agosto del 2000. Teníamos que habernos escapado pero nos quedamos mientras nuestros sueños hacían sus maletas y viajaban por toda Europa durmiendo en un Inter-Rail. ¡Cuántas aventuras!, pero al despertar.... irás al registro civil y te llamarás Raúl, me contarás que huiste lejos porque yo te abandoné. Que saltarás en paracaídas desde lo más alto. Que escribirás cada uno de tus relatos pensando en mí.


10. El reino


Estábamos revolcándonos en su cama, cuando bruscamente se detuvo para decirme que las cucarachas son sagradas porque de ellas será el reino del holocausto nuclear. Desde entonces, empecé a amar a las cucarachas como si fueran otra parte de mi desestructurado núcleo familiar.
Les he abierto las puertas de las tuberías de la ducha, de las rendijas de las ventanas y del conducto estropeado del gas. Se comen mi comida, se beben mi alcohol y se acuestan en mi almohada esperando a que YO las vaya a saludar. Ellas nunca dicen nada, pero se frotan las antenas y vuelan hasta mí para posarse sobre mi cuerpo, para enredar sus patitas por el pelo del pubis, para recorrer mis espacios más íntimos proporcionándome un cosquilleo de alto contenido sexual. Ellas sí que saben cómo hacérmelo bien...


11. Karaoke


Era la época en la que salía de marcha todos los días y regresaba a las seis de la madrugada. Yo estaba en la onda de Deftones, Korn y Metallica... Y, mientras podía, cada noche me llevaba a la cama a un individuo diferente. Por aquel entonces, necesitaba experiencias desoladoras. Había robado, esnifado y meado en todo(s), pero faltaba "algo"... Así que, un 31 de Diciembre me largué a Berlín, a casa de H. Este se había comprado un karaoke, y estuvo molestando toda la velada con las cancioncitas de OT mientras decía ¿Canto bien? ¿Verdad que canto bien?... Y yo (uff) quería una dosis extra de hipocresía para decirle que lo hacía “casi, casi bien”...Luego se hicieron las 11 y, a H, le entró una prisa horrible por esnifar un poco de coca. En fin...salimos a la Puerta de Brandenburgo, la cual daba asco a kilómetros. Parecía como si estuviera a punto de caer una lluvia de dinero desde el cielo, la gente se aglutinaba hasta perder la respiración...
Cuando dieron las doce, reinaba el caos y los carteristas habían empezado el año a lo grande. Entre el maremagno las botellas de cristal volaban y caían sobre las cabezas y los niños lloraban mientras las mujeres gritaban ... Y yo, que me encontraba ya trepando a una farola, pensaba en la puta madre de H y me preguntaba porqué no avisan de este peligro en la saga de mentiras de la Tele...


12. Leit motiv


Lorenzo me sugirió que escribiera un relato donde los problemas se evaporan en el momento que se los nombra. Le digo “Sí” y pienso “Siempre y cuando los personajes sean adictos a los extremos de la euforia y el dolor”. Sin embargo, existe un problema sin solución: si la protagonista apaga el cigarrillo, la creadora se queda sin trama. Quizá ella adolezca de misantropía, consume prozac y tiene algunos kilos de más. Luego, aquella conversación terminó derivando en extracciones y empastes. Fue trivial. Fue una conversación en el metro. Me dijo adiós, las puertas del tren se cerraron y yo pensé “Siempre y cuando.... todos mis personajes tengan el Carnet del Real Madrid puesto al día...” De camino a casa consideré la idea de crear un modelo provisional. Ahora sólo falta el leit motiv.


13. Otra vez


Me hubiera gustado mirar directamente al sol durante el eclipse, ya que me parecía estúpido observar una evolución diagnosticada paso a paso vía TV. Sin embargo, no lo hice y continué con lo mío... Dos días después cumplí 40 años. No hubo fiesta de cumpleaños ni borrachera solitaria... Pensé en el suicidio la noche siguiente y tuve una horrible pesadilla en la que me arrancaban las uñas de las manos. Luego fue como todos los días. Supongo que fui a la universidad y leí en el periódico alguna noticia. Supongo que contribuí a engordar mi exacerbada intolerancia hacia la derecha y, supongo, que quise escupir al hombre que compraba el ABC en el estanco. Supongo que estoy algo contenida aunque sea la princesa pornotécnica. Pero creo que no es el momento de hablar sobre mí. Los titulares de mañana se presentan prometedores. Que me den un céntimo de euro por cada muerto de la semana y acabo el año holgada. Pero mi maleta ya está preparada. Stop.

Etiquetas:

 
posted by Patricia Venti at 10:56 | 1 comments


Cartagena de Indias, 28 de septiembre 1973

En lugar de copiar en el cuaderno mi-mamá-me-mima, escribí mi-mamá-me-grita:
!siéntate bien, no hables con la boca llena, baja los hombros, mantén el cuerpo derecho, arregla la cama, escribe los deberes!. Obedéceme, ¿oíste?... mocosa.

Cartagena de Indias, 5 de octubre

Las plantas en el balcón amanecieron de mal humor. La bañera estaba llena de pelos y grumos. Falta jabón para lavar y mi madre no ha regresado de la clínica. La operación no fue sencilla, dentro de su pecho izquierdo había un tumor, una protuberancia inquietante. El cuerpo impone sus propios límites.


Cartagena de Indias, 23 de octubre

La cocina está llena de luz y mientras mirábamos caer el aguacero, mi madre recitó un verso de Laforgue: “J’ai tellement revé, que je en suis plus d’ici”. Vestíbulo adentro muchas voces se pierden y justo debajo de nuestra ventana, una niña canta.


Cartagena de Indias, 18 de noviembre

Beatriz, termina todo lo que hay en el plato, ¿te acuerdas de la niña que vivía con su familia en un árbol? ,-repite mi madre cada mediodía-, ella era inteligente pero no comía mucho. A medida que iban pasando los días fue perdiendo peso hasta quedarse casi transparente. Una noche hubo una tormenta muy fuerte y el viento se la llevó a un sitio de donde no se regresa jamás.


Cartagena de Indias, 15 de noviembre

La casa donde vivíamos antes está cerrada. Nadie la ha ocupado desde que nos fuimos. El jardín desapareció y solo crece maleza. Los vecinos oyen gritos y aseguran haber visto una sombra paseándose día y noche por las habitaciones.

Cartagena de Indias, 28 de noviembre

Sonia era mi mejor amiga, casi siempre estábamos juntas pero la situación ha cambiado. Estamos de vacaciones, por eso iba todos los días a su casa. Me aburren las muñecas, le dije. Ella propuso juegos más interesantes que yo acepté en seguida.


Cartagena de Indias, 18 de diciembre

Antes de dormir, viene mi padre para darme las buenas noches. Mientras acaricia mis cabellos se oye un murmullo: “Beatriz, figlia mia, ragazza triste come me”.



Cartagena de Indias, 23 de diciembre

Estábamos en la hacienda y se oyeron varios disparos, inmediatamente un peón entró a la casa diciendo: “Hubo que matar al cerdo. Se quedó solo y no había manera de aguantarle. Se saltó las vallas matando a todos los gallos. Estaba nervioso. Tenía dos días emitiendo unos gruñidos terribles. Había que acabar con él.”

Roma, 17 de marzo 1974

Hoy es el cumpleaños de mi padre. Lo llamamos pero no estaba en casa. Quisimos salir a tomar un poco de aire y justo en ese momento, sonó el teléfono. Me di media vuelta, atravesé el pasillo lo más rápido que pude, sin embargo no llegué a tiempo para responder. Después de unos minutos volvió a repicar, atendió mi madre y después de colgar comenzó a llorar. Yo no supe que hacer, me quedé mirándola fijamente y en su cara noté un aire de tormenta.


Roma, 19 de marzo

La lluvia era constante y fina. Atravesamos la ciudad y por fin llegamos al colegio. La directora nos estaba esperando y después de unos minutos le entregó un crucifijo a mi madre. Me pareció que la mujer estaba triste. Dejamos la pensión casi a medianoche y a medida que el tren se aleja siento como un trozo de mí se queda en la ciudad-amor.


Cartagena de Indias, 23 de marzo

Nuestra casa estaba llena de polvo y los muebles parecían enmohecidos. La jaula del tucán estaba vacía y el árbol más viejo del jardín lo habían talado. Una vez que dejamos las maletas, mi madre se marchó a la calle. A su regresó tenía los ojos hinchados. Esta noche dormiremos en un hotel, ella trata de tranquilizarse y dice que estará conmigo siempre.


Cartagena de Indias, 25 de marzo

Mi hermano llegó dos días después del entierro. Poco antes de cerrar la fosa, una foto de mi madre cayó dentro. Algo en mi madre se esponjó. Ni un minuto de su existencia será para otro hombre. Contrajo nupcias con la casa, los muebles, libros y vajillas. Una mujer convertida en una caja cerrada, tratando de poner el cuerpo de lado, olvidar su miseria de cuarenta años. Nos hemos quedado sin rostro, tenemos miedo de salir al patio y encontrar el fantasma de mi padre llorando.


Cartagena de Indias, 28 de septiembre 1983

Vivo en una ciudad cruel, capaz de inspirar amores irreconciliables. Mis padres se conocieron aquí, los dos eran extranjeros que buscaban un espacio en el mundo. Ayer encontré varios papeles en una caja. Ahora sé la verdad. Mi padre murió el 23 de marzo a las cuatro de la tarde por herida de cráneo encefálica y cuello, arma de fuego (escopeta) homicidio. Es el momento de empezar otra biografía…

Etiquetas:

 
posted by Patricia Venti at 10:29 | 0 comments

La playa reclamaba atención: “Con la luna salen los insectos de la arena”, le decía siempre a Úrsula, “y los gorgojos se han comido las galletas y las termitas el cofrecito, y las hormigas cabezonas destriparon el catalejo”.
“Es que nunca me haces caso”, le digo (y Úrsula, meciéndose en la hamaca, dormita sin poner los pies en la arena porque los insectos pican fuerte); me enfado un poco, “estás abúlica; me voy a lanzar botellas al agua”. Entonces tomo una hoja de banano y garabateo el mensaje (SOS:13ºlat/25ºlong). Y hala, a cruzar las rocas hasta el carguero despanzurrado, lleno de un óxido que me tinta los pies; y este sol de justicia. Atravesar la herrumbre hasta la bodega y la montaña de cascos reciclados de pepsicolas. Tomar una y lanzarla con su mensaje en hoja de banano metida adentro.
Pero el mar me la jugó (cómo iba a saberlo, le dije a Úrsula) y ella me repite con retintín
- ¿Dónde están tus miles de botellas-con-mensajito, eh? Dime
Las ha devuelto la corriente. Se han acumulado en la cala vecina, toda alfombrada de pepsicolas. Fracaso.
Y yo desespero; hale, a comer más insectos crudos con aguacate; desayuno, merienda y cena. “Me voy a escribir el diario” le digo a Úrsula.
Robinsón en su isla; pero esta botellita sí que nos salva: La he atado a una merluza viva –inteligente animal– y voy a lanzarlas con una palmera-catapulta.
Pero una vez más, Úrsula tenía una idea mejor.

Etiquetas:

 
posted by Patricia Venti at 10:24 | 0 comments

– ¿Quién?

José Suburbios, el amigo de la poeta argentina Alejandra Pizarnik. Uno de quienes la conocieron. Como lo oyen. Me lo ha dicho E. mientras comíamos en The Beach, un nuevo restaurante en el trayecto de Love Town a Nueva York. Un neodescubrimiento gastronómico. Menú de degustación. Unos vinos de morirse. Armando: ¡Cúrate! porque nos esperan. Quiero llevarte allá. Una casa pequeña de paredes de granito y con vistas a la carretera polvorosa. A la mierda los dolores. ¡Abajo las glándulas rebeladas!

El otro día estuvimos en New Gay, el restaurante de José de la Osa. Un 9.0. Un Nueve-punto-cero. Nueva Cocina de fusión. Todo consiste en una sucesión de proteínas minúsculas en platos minimalistas, acompañadas de un camarero que las explica. “He aquí un berberecho en pasta de filarmonía con feligresía de suero hidrogenado”. Estupendo. Pa’dentro. “Traiga el siguiente corpúsculo, garçon”. Fue en Miami, la semana pasada. El tiempo vuela.

Les escribo desde el hotel Central Park.

El vino neutraliza mi hemisferio izquierdo. Seguramente estoy borracho. De manera que he perdido temporalmente la lógica de mi status quo.

José Suburbios ha muerto.

Esta es la cosa.

¿Han leído los diarios de Pizarnik?

Conozco la historia del anillo. El tal Suburbios fue el tipo que lo dejó adentro, alojado justo allí. Luego llega la historia del ginecólogo francés, en París, la ciudad del amor. Pizarnik con fiebre y escapes. El ginecólogo afanado en su extracción. Me lo imagino sudando con sus pinzas en ristre, “mademoiselle, vous avez ce truc là, tout à fait encastré”.

La muy boba creía que su cuadro sintomatológico de flujos y fiebres derivaba de la chocante entrevista mantenida en Verano del 62 –Costa Azul– con esa escritorzuela, la de “El amante”, ahora no me acuerdo del nombre. Esa Gafuda borracha. Esa que escribía unos neofolletines tremendos de estilo sincopado; así, más o menos:

Luego encuentro a mi madre en Saigón. Venderá los muebles a un chino que le permitirá mantener a su hijo mayor mientras viva. Mi hermano menor morirá de bronconeumonía, en tres días. Mi madre perdió todo pagando medicamentos. Luego los veo sentados en la salita del Sadec, en taparrabos. Y a él, que me lleva de la mano. En su coche negro con chofer, hacia Vinloglong, que termina en el Mekong. Pronto tendré un diamante en el dedo de pedida. Dejarán de hacerme observaciones. Sospecharán que no estoy prometida. Pero el diamante es muy caro.

Yo escribo sincopado solo si estoy borracho ¿y tú Armando?
No es Marguerite Yourcenar. Es otra Super Queen del folletín, a quien Pizarnik entrevistó a ver si podía remediarse unos cuantos francos. Ya me saldrá el nombre.

La versión de los hechos al estilo sin-copa:

Pepe Bianco era amigo de Victoria Ocampo. Le dejo el apartamento y la biblioteca al amante. Era muy guapo.Bebe mucho. Cirrosis. Ha muerto no de cirrosis. Aguacates, una ameba. Hacia dos años le colocaron un ano artificial como a Fidel castro, quien dijo: !
no, antes la muerte!

En fin, los flujos y las fiebres de Pizarnik se debían al anillo encastrado en sus interiores. Échenle una ojeada al diario. Ella afirmaba que fue la entrevista a Marguerite Duras (¡así se llamaba!) lo que la deprimió, porque Alejandra creía a pie juntillas en el escritor-dolorosamente-consagrado-a-sus-escritos. Y sin embargo la Duras vivía tranquila y feliz en la Costa Azul (tal y como desearía cualquier ser humano, escritor u oficinista). Pizarnik no comprendía la realidad perezosa de los mamíferos superiores.

Para mí, el asunto del anillo es su aporte histórico más interesante. El Ginecólogo se lo extrajo con pinzas y ella se lo puso en el anular izquierdo. El anillo tenía en su cara interna el nombre de Mobutu Seseko, el monarca sahariano, grabado en conmemoración de la toma de Ougadugú (Alto Volta) a finales de los 50. A mi juicio algún legionario francés lo obtuvo en la famosa campaña del Chad de 1959 (entiendo más bien que lo robó, acto habitual del europeo civilizado). Luego pasó a José Suburbios en el París de los 60, y A.P. lo recuperó mediante este procedimiento de alojamiento interior que prefiero no describir. La pobre se reía a mandíbula batiente en los cafés del barrio latino, diciendo que el “anillo seko” se delató extrañamente a si mismo “mediante flujos” (inteligente contraste). Añadía que no lo había lavado ni pretendía hacerlo, y que antes de enjuagarse las manos se lo quitaba “para conservar mi verdadero perfume”, e intentaba que sus amigos de farra lo olisquearan. Así de simplota fue esta mujer.

Cuando a Pizarnik le otorgaron la beca Gugenheim envió el anillo a O.Paz., como relata en su diario. Le contó una historia abracadabrante, como era habitual en ella. La carta de agradecimiento de O.P –que descubrió Patricia Venti en Princeton– indica que el embajador picó el anzuelo: Gracias, Alejandra, por este pequeño presente que me dices te ha acompañado en momentos de mucha felicidad interior. Es bellísimo. Siendo una pieza doblemente histórica –fruto de la mejor política africana y la mejor poesía Latinoamérica– permíteme que lo regale como recuerdo del continente latino a la primera dama americana. Esto es verídico. El encuentro anular africano-argentino-mexicano-yanqui tuvo lugar en Marzo de 1967. Alta diplomacia. Allá fue a parar al anillo.

Incidentalmente, estoy convencido de que entre A.P. y O.P hubo algún rollo traqueo-bucal como mínimo; pero no puedo probarlo, y acaso no conviene a la argumentación de esta carta. No obstante, me place imaginar verdaderas atrocidades con el anillo entre ambos (que tampoco puedo demostrar). Y en realidad, reconozco que Paz sigue situado allá en lo alto, entre mi bestiario de Grandes odiados, todos caracterizados por poseer comisuras babosas.

En fin, hasta aquí el pequeño aporte histórico de Pizarnik a la humanidad. Pero a todo esto la cuestión permanece. La cuestión es que José Suburbios ha muerto.

E. entrevistó a Suburbios en Buenos Aires este mismo año (aprovechando una de esas invitaciones para congresos literarios) y se sacó de la manga una historia tan desmesurada que simplemente no me la trago. Su blog "Rios profundos" recoge esta historia.

Lugar común: la realidad supera a la ficción. A veces, sin embargo, no es así. A veces, la realidad se contenta con imitar a la ficción. Cuando eso ocurre, queda la sensación de que el creador sabía algo que la realidad no sabía todavía. O, de manera más prosaica, de que es verdad eso de que las coincidencias abusivas existen (aunque es mejor que sucedan en la realidad y no en las novelas de Paul Auster).

En fin, espero tener pronto noticias de ustedes desde las Islas Fiji, recuerdos a Claudia.

Etiquetas: ,

 
posted by Patricia Venti at 9:32 | 0 comments
15/10/2008

A mí,
que todo me fue negado,
busco el medio apropiado
-entre severo e indulgente-
para desaparecer.

Pero antes quisiera
aprender a batallar
contra las agresiones verbales,
mensajes elaborados o vulgares,
explícitos o sutiles
y sobre todo
evitando el remordimiento
cuyo nombre no merece mácula.

Dr. Jekyll.

Ley lo dictamina:
fue hermoso mientras duró
es decir,
love can get you killed.
O sea
himnos a la impiedad corrosiva
castidad y corrección
escarmiento y equilibrio
gastos e ingresos,

Felicidad.

Etiquetas:

 
posted by Patricia Venti at 12:31 | 0 comments

Había una vez, una mujer incapaz de enfrentarse a su vida y que prefería escapar enamorándose de alguien que era completamente inalcanzable.....

Así empieza la historia que en su día me contó E.

No creo que sea mi caso y te formulo varias preguntas: ¿quién está huyendo o en el mejor de los casos, haciendo ficción con la vida?¿existen las coincidencias... abusivas, escritas por un mal libretista? ¿nuestras vidas están plagadas de excesos del destino? ¿qué papel te ha tocado representar? ¿el de estrella mediática de una editorial de prestigio?

Trataré de no extender las explicaciones porque no sirven para entender algunos sentimientos que se experimentan más allá de lo racional. Además, pretender mucho más por esta vía es una utopía, cuando no, más confusión.

¿Recuerdas a Machado? “Amo los mundos sutiles ingrávidos y gentiles como pompas de jabón”. ¿Es un lugar común? yo diría que es una hipérbole, una exageración claro está, pero sospecho que si uno no está dispuesto a amar las pompas de jabón, está condenado al sufrimiento o lo que es peor, al aburrimiento. Por mi parte, cuanto más avanzo en la vida menos sé qué es el amor. En algún sentido, es cierto, te amo. Pero hay tantos amores que a veces ni vale la pena compararlos.

Tengo una diferencia fundamental contigo. Soy profundamente escéptica, pero el escepticismo me permite darme cuenta de que la ilusión es siempre un engaño. Cuando el encuentro se da, bienvenido sea; si se va al diablo, mala suerte. Soy una aristócrata, elijo a quien dedicarme. Me cansé de la gente temerosa que usa la indiferencia como refugio y es incapaz de enfretarse a sus sentimientos. Y esta vez, siento decirte que la realidad no supera a la ficción.

PD. Lo único que lamento es habernos cruzado en el camino sin habernos conocido en (la) realidad.

Todo está dicho.

Etiquetas:

 
posted by Patricia Venti at 11:27 | 0 comments


"No hay nostalgia peor
que añorar lo que nunca jamás sucedió."
(Joaquín Sabina, "Con la frente marchita")


Nuestro universo puede ser una paradoja predestinada, es decir que todo lo que hacemos y que haremos en un futuro ya está hecho y no puede ser modificado por nada ni nadie. Al final se trata de tiempo y destiempo. Nunca estar en el momento exacto, lo que sé es que a veces aparecen conexiones. Lo que sé es que a veces el destiempo se supera y se establecen lazos invisibles, nudos impalpables entre la gente. ¿Los has conocido tú?...¿qué cosa es el universo sino algunas canciones oídas en una fiesta después de medianoche, algunas cervezas, conversaciones que no son tales, disfraces extravagantes y las ruedas de las bicicletas? ¿Qué cosa es el final sino un minúsculo estallido que sucede cuando aprietas un botón y todo retrocede?

Quizá solo en sueños el fin de un mundo esté cerca… Muchas cosas pasan en los sueños. En ellos, todas las dimensiones – sean reales o imaginarias – terminan siempre confundidas en un abrazo largo y sincero. ¿Es esa la clave para saber lo que nos depara el destino? ¿Cómo saber realmente lo que nos espera? ¿O es que antes todo el mundo sabía lo que pasaría en el futuro y en algún momento alguien propuso olvidarlo hasta que hizo costumbre, o acaso terminamos por perder la facultad del presagio? Yo pienso en el olvido cada mañana cuando abro los ojos para deshacerme del mundo paralelo en el que he vivido entre sueños. ¿Hay algún tipo de señal o epifanía en todo esto? siempre están las palabras de los otros.

En Moby Dick, Stubb dice: “no sé lo que me espera pero, de cualquier modo, iré hacia eso riendo”. ..¿Lo sabías tú, mi querido E?

Etiquetas:

 
posted by Patricia Venti at 11:03 | 1 comments
Site Meter