16 may. 2007
Doce rosas


El día era gris, las calles estaban ligeramente mojada por la lluvia. El viejo andaba con paso apresurado, se le hacía tarde. Sabía que solo le quedaban treinta minutos para llegar. No podía perder más tiempo, sin embargo todavía debía detenerse en la floristería. Por suerte había una en esa misma acera. Al entrar supo de inmediato lo que deseaba, doce rosas rojas. De reojo miró el reloj, eran casi las cinco. Lo mejor sería tomar un taxi, pensó. Se subió al coche, estaba fatigado, el aire le faltaba. No podía llegar con retraso, tan solo una vez en su vida le había ocurrido y no estaba dispuesto a repetir semejante error. El trayecto se le hizo largo, constantemente miraba la hora. Llegaron a la estación y el hombre salió del vehículo a toda prisa. Corrió por el pasillo y le preguntó a un empleado por el anden número 15. A lo lejos vio el ferrocarril que se acercaba y su corazón comenzó a latir más deprisa. Cuando la máquina se detuvo por completo, la gente comenzó a bajar. El viejo sacó la primera flor y se la entregó a una desconocida que pasó por su lado; en el primer momento la mujer se sorprendió pero la aceptó. Así fue desprendiendose de cada una de las rosas hasta llegar a la número doce. Ya con las manos vacías, se sentó en un banco y dijo en voz baja: “!qué dificil es mirar el cielo!”

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posted by Patricia Venti at 20:08 |


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