Las mafias dedicadas a los combates operan desde hace meses con total impunidad, pese a las denuncias vecinales


JUAN CARLOS DE LA CAL
MADRID.- A media tarde, cuando el sol inicia su vertiginoso descenso, se les puede ver paseando por el barrio. Algunos andan sueltos. Otros, los más fieros, babean inquietos mientras se enzarzan con la cadena que les une a su amo. Este suele ser un hombre joven. En muchos casos ni siquiera ha cumplido la mayoría de edad. Pero, aunque sean niñatos, se sienten fuertes porque llevan a sus pies una máquina de matar.

Estamos en Orcasur, epicentro de Orcasitas. Barrio obrero donde los haya, sus 3.000 familias están hartas de simbolizar la degradación del Sur. Además de ser el punto donde proporcionalmente más vecinos cobran la ayuda mínima de integración, el IMI, en los últimos años se ha hecho famoso como punto de referencia obligado de las bandas que organizan peleas entre perros.

Cualquiera de los canes calificados como «peligrosos» por Ruiz-Gallardón el pasado jueves pueden verse en algún rincón de la Avenida de Orcasur, única ruta de entrada y salida del barrio: pit bulls, stafordshires, filas brasileiros, presas Mallorquines, boxers, dóbermans... Toda una galería de animales carísimos y muy apreciados por su agresividad en combate. Obviamente, no están registrados ni tienen seguro alguno.

Sus dueños se han vuelto ahora discretos. Hace tan sólo unas semanas muchos vecinos se quejaban de su actitud chulesca.

Sus dueños se han vuelto ahora discretos. Hace tan solo unas semanas muchos vecinos se quejaban de su actitud chulesca. «Si les mirabas o les decías algo, te insultaban y amenazaban con achucharte al perro. Pero ahora, con todo el escándalo que se ha montado, apenas se dejan ver. Están esperando a que la gente se olvide del tema para volver a organizar las peleas de noche», asegura una de las moradoras del barrio.

Hablar con periodistas sobre este tema es algo delicado en Orcasur. No es la primera vez que han tomado represalias contra aquellos que han osado levantar la voz. Nadie quiere identificarse con nombre y apellidos.

La Asociación de Vecinos ha denunciado hasta tres veces en la Junta de Seguridad de Usera y Villaverde la impunidad en la que se llevan a cabo estas peleas: al aire libre, en medio de la noche y con gran alboroto.

«En verano», se queja, «cuando dormimos con las ventanas abiertas, se oyen los alaridos de los bichos en plena refriega. Es espeluznante. Pero no nos hacen caso».

La sede de la Asociación ha sido apedreada varias veces. El cartel de la entrada también fue destruido. Y siempre coincidiendo con las denuncias formuladas en la comisaría de Usera.

«Se suelen poner allá arriba, en la zona donde están todos los colegios, la guardería y la Iglesia Evangélica. Por la noche allí no hay nadie y pueden campar a sus anchas. Los niños dicen que una vez vieron como ahorcaban a un perro malherido que acababa de perder una pelea. Pero apenas dejan huellas. Un poco de tierra removida, algunos restos de sangre y poco más», relata uno de los policías nacionales que habitualmente patrullan por el barrio.

Falta de cobertura legal


En la comisaría reconocen haber recibido muchas llamadas al respecto. Pero la propia ley les impide actuar. El Código Penal no califica el maltrato de perros como delito, sino como falta.

«La mayoría de las veces es muy difícil probar nada. Sólo en el caso de que los perros sean robados, se consuman drogas o se manejen armas de fuego los jueces se aventuran a dar un mandato judicial. Además, es casi imposible introducirse en estos grupos. Marcan sus citas a través de anuncios en clave en los periódicos o por citas telefónicas. Y reaccionan muy rápido. En una hora cambian de sitio la pelea», asegura el capitán Piriz, del Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil.

Según las denuncias recibidas por este cuerpo, de los 191 perros robados en 1998 en Madrid, al menos la tercera parte fue destinada a peleas clandestinas.

El incremento es evidente. En 1997, los canes sustraídos fueron 106. Y siempre aparecen los mencionados perros de pelea entre las víctimas. El robo más espectacular tuvo lugar en el Zoo hace dos años, cuando desaparecieron 12 cachorros de pelea en un sólo día.

Unos meses antes, habían robado otros 18 canes del mismo tipo. Probablemente, alguno esté esperando sparring hoy en Orcasur.

Al contrario que los toros, cuya vida es bastante digna hasta que llega la muerte, se podría decir que los perros de pelea encuentran el descanso con la visita de la parca.

Los canes son sometidos a un duro y cruel entrenamiento para subir su cotización en el mercado clandestino. Algunos de estos perros de presa se llegan a traspasar por dos millones de pesetas o más.

Crueldad en grado sumo


«Es habitual que se les ate a un coche y se les obligue a correr para fortalecer sus piernas. También se les hace la noria: muerden un neumático o un trozo de carne dura y les hacen girar sobre sí mismo por el aire hasta que sueltan el bocado. Así se les endurecen las mandíbulas», concluye su espeluznante relato el capitán Piriz.



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«Rottweiler», el can de moda


P. G.

MADRID.- El Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid aprobó el pasado jueves un decreto por el que ocho razas de perros se clasificaron como de «guarda y defensa» y se obliga a sus propietarios a suscribir, en el plazo de tres meses, un seguro de responsabilidad civil que alcance posibles daños hasta 20 millones de pesetas.

En la Comunidad están registrados 8.876 perros de estas características: pit bull terrier (452), american staffordshire terrier (229), dogo argentino (262), fila brasileño (89), presa canario (907), dóberman (1.870), mastín napolitano (89) y rottweiler (4.978).

Según los datos facilitados por la Consejería de Economía de la Comunidad, la población de rottweiler se ha venido duplicando año tras año desde 1996, cuando había registrados 529. En 1997 se censaron 1.054 y en 1998, 1.056.

Según la Consejería, el pasado año se impusieron 715 sanciones a propietarios de animales domésticos, ninguna de ellas por daños causados por perros a personas.

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27 abr. 2008
ROBO DE PERROS


NOS HEMOS ENTERADO QUE EXISTEN MAFIAS DEDICADAS A CAPTAR PERROS A TRAVÉS DE INTERNET PARA PELEAS, SE HACEN PASAR POR PERSONAS HUMANITARIAS, CUANDO EN REALIDAD LO UNICO QUE LES MUEVE ES EL DINERO. ESTO ES CRIMINAL Y SOLO DEMUESTRA LA POCA SENSIBILIDAD DE ALGUNOS. QUÉ ASCO!!!!!!!





EL ROBO DE PERROS


El robo de perros siempre ha estado ahí, y siempre ha sucedido, como un goteo incesante. Hasta hace poco, la mayor parte de estos animales se destinaba a dos actividades: la cría y venta ilegal (se robaban perros de razas pequeñas, de fácil salida en el mercado), y la caza (se robaban perros de caza para probarlos). También ha habido siempre peleas de perros, y se han robado perros con ese fin, minoritario pero real.
Pero desde el verano de 2006 se ha detectado un incremento brusco de los robos. ¿Qué ha cambiado? El aumento general de la delincuencia, la aparición de mafias organizadas, y la diversificación de sus negocios ilegales, han puesto a los perros en situación de fácil acceso, máxime sabiendo que las leyes que los protegen son poco más que texto en papeles con membrete, y que sus propietarios poco podrán hacer excepto colgar carteles y desesperarse.
Hay más grupos mafiosos, y el tráfico ilegal de perros, e incluso el control de la actividad final, es una posibilidad más de diversificación de su negocio. Hay más gente para robarlos, puesto que estas mafias ya tienen personal propio, que igual sustraen carteras, coches o perros, que entran en viviendas.


PARA QUÉ LOS ROBAN

Peleas de perros. Dos perros atacándose mutuamente, en ocasiones hasta la muerte de uno de ellos. El negocio se basa en las ganancias que dejan las apuestas, y en la compra-venta de los animales que intervienen. Los perros robados con destino a las peleas no se entrenan para luchar: su finalidad es la de hacer de "sparring". Los de raza pequeña se "echan" a los cachorros que se están entrenando, y los de razas más grandes a los que ya pelean, para que hagan "mantenimiento" (en estos casos, a veces se ata el morro del perro robado con alambre o cuerda para evitar que lleguen a morder al defenderse). En breve, nuestra página web ofrecerá amplia información sobre las peleas de perros.

Textil. Casi todos conocemos la terrible realidad del mercado de
pieles de perro y gato (el contenido de este link puede herir su sensibilidad) provenientes de China, para la industria textil: peluches, cuellos y puños de abrigo, chaquetas, foulards, etc. Pues bien, no todas las pieles de perro que se comercian en España vienen de China.
Venta. Animales que se roban para ser directamente vendidos a través de Internet, de revistas de anuncios gratuitos, etc., normalmente en otra ciudad.

Cría. La venta de cachorros en el mercado negro es un negocio creciente, favorecido por dos hechos: programas de televisión sobre "mascotas" que "venden" la imagen del cachorro dulce y desvalido, y de que
tener un perro en casa es sencillo y agradable, y compradores animados por ello que no quieren pagar el precio de venta de los comercios y criadores legales. En conclusión, proliferan los cachorros en venta en el mercado negro (Internet, revistas de anuncios gratuitos, etc.) que proceden de perros, muchas veces robados, hacinados en pisos y naves, sin atención veterinaria, alimentados con lo más barato, obligados a parir dos veces al año.

Zoofilia. No hay datos al respecto del sexo con animales, pero lo mencionamos en tanto que es una actividad (tipificada como delito en algunos países de ls Unión Europea) presente sobre todo en Internet. La zoofilia puede incluir la muerte del animal.
AYUDA A OTROS

Si detectas en tu edificio alguien dedicado a criar perros, denúncialo.
Si alguna vez has comprado un perro a un partícular, denúncialo.
Si conoces algún lugar sospechoso de peleas de perros, denúncialo.
Si han robado a tu perro, denúncialo.

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posted by Patricia Venti at 20:09 | 3 comments
14 abr. 2008

Venti por Antonio Requeni

Patricia Venti, venezolana, doctora en letras e investigadora radicada actualmente en España, enamorada de Buenos Aires y fervorosa exégeta de Alejandra Pizarnik, es además poeta. Los que lean sus versos en este libro, que ha querido publicar en la Argentina, asistirán a una historia donde los datos de la realidad cotidiana, familiar, adquieren universal dimensión poética. La casa de la infancia, la niña que se detiene a contemplar retratos que la miran con ojos ya enterrados y sigue dialogando con fantasmas, la mujer que evoca las apariencias de un amor transmutado en la amarga metáfora de un naufragio, y sobre todo, la devastación del tiempo -ese gran devorador-, los infortunios, las azoradas certezas, la ceniza de dolorosos recuerdos, son presencias o experiencias transmitidas a través de un lenguaje riguroso y estremecido, con el que construye un mundo verbal propio. La poeta escribe menos desde la literatura (aunque aparezcan algunas referencias explícitas) que desde una exigencia visceral, por momentos desgarrada. Su poesía gira desveladamente alrededor de un drama que parece buscar su catarsis, y lo hace con un acento de insoslayable autenticidad. La tensión espiritual, el contenido desborde emotivo y una atmósfera melancólica impregnan, asimismo, los poemas de la última parte -"Ausencias"- en los que se acentúa a la perplejidad de la autora ante las eternas preguntas sin respuestas, las pasiones humanas destinadas al olvido, las nostalgias arrasadas como hojas barridas por el viento, la vida que se consume a sí misma. Porque como la autora reflexiona en el poema XV de la primera parte: "Perder es un arte difícil". La alquimia verbal de Patricia Venti transforma lo cotidiano en trascendente. Su estilo mantiene una impronta de transparencia y profundidad, de austeridad y al mismo tiempo de ternura, de delicadeza e intensidad expresivas. La búsqueda -o el hallazgo- de un lenguaje que desnude el íntimo conocimiento, la honda experiencia subjetiva, se resuelve en la felicidad de una escritura con definido perfil personal en el panorama de la poesía hispanoamericana contemporánea.

SELECCIÓN DE POEMAS

Un día aciago de marzo
mientras enterrábamos a mi padre
nuestras manos cavaron el espacio del miedo
el temblor de la espera
esa felicidad nunca prometida.

La lluvia lavó sus heridas
y sobre la fosa abierta
se acumularon
abrojos, espinas, llanto enmudecido.

Mi madre se quedó sola
con los nombres del olvido
junto a la niña que siguió hablando con fantasmas.
Años perdidos o fragmentos
de una historia contada hasta el cansancio.

Te nombro por última vez
Muera el silencio.

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Mi ciudad
tácita y nocturna,
está presente en cada uno de mis días.

Transito por sus caminos polvorientos
casa de la infancia
agua dulce, continente intangible,
dos cuerpos abrazados,
un infierno llamado culpa.

Aquí y ahora
sólo quedan cenizas,
letras de otros que anuncian:
“la ruina estaba predestinada a caer sobre nosotros”.

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Conjugo el verbo morir
y la segunda persona eres Tú.
Estúpido juego del lenguaje que mata
se quiera o no,
porque la gramática
siempre impone un sujeto de la enunciación
aunque objetes
que la excepción confirma la regla.

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Ya no hay incongruencias entre ser y estar
Donde crecía la mala hierba,
ha echado raíces una estirpe
que bien pudo ser la tuya.

El silencio fertilizó la tierra
y mi infancia se pobló de muertes prematuras.
Aquellos años fueron una herida,
un padre convertido en leyenda,
elegía de lo más querido,
una madre reflejada en los espejos
la culpa de parecer su sombra,
un hermano golpeando el corazón
igual que una cáscara vacía.

Todo se disolvió en el paisaje triste de lo perecedero,
el jardín y la casa quedaron atrapados en el reverso de la foto.
Nuestra madre mira serena
a la niña de ocho años,
a la mujer de cuarenta.
Ella, en la playa, en el mismo lugar
—como si el océano no te le hubiese arrebatado—
nos saludará por siempre con la mano.


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Te escribo desde un paraje
sórdidamente puro.
Y aunque no pude atrapar el aliento de tus dedos
o el temblor del tucán en su agonía
preferí ignorar aquella advertencia:
“nos quedaremos huérfanas
con papeles escritos en la distancia
seremos dos voces en un continente perdido”.


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El día que moriste
quise enterrar tu biografía bajo el puño.

Demasiado tarde
para evocar la soledad más absoluta
que hiere la magnificencia del Haya.

Los extravíos siguen aquí,
la respiración se llena de agua
y la hija que pariste
te llorará
hasta que nos trague el olvido.

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Europa será presagio de lo lúgubre, dijiste
en la que dejarás tu historia
un amante abandonado en los espejos
la imagen de la muerte
o la muerte de la imagen
y ya nada será lo mismo.

Inexorable fue tu sentencia,
el tiempo
—demorado en las horas, discursos, esperas—
ha dado forma al destino de tus palabras.

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La infancia
es él más terrible de los encierros.
Tuve ocho años
y no fui feliz.

Conocí el asesinato del padre
arma de fuego
golpe certero en la nuca.
Lastimé a la mujer madre
desnuda ante la pena
olvidada en los retratos
perpetua amargura.

Tantos desconsuelos
se entremezclan con los desechos del tiempo
que merecen ser arrojados al olvido.
Sin embargo,
a fuerza de vivir sin belleza
todas las voces confluyen
en los seres que amé
encadenando mi vida a su memoria.


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A medida que fui cumpliendo años
una luz obscura atravesó todo sentimiento.

La familia se convirtió en una trampa
y al intentar entrar en la casa de la infancia
encontré la ausencia del padre
un apellido inexistente
mujeres que odiaban las caricias
hijos en las suturas.

Descubrí entre desvencijados muebles
el tiempo de amar y ser despreciada.
Pero es mejor pensar que todos lloran
—con justa razón—
la inutilidad de sus vidas.

Desde entonces,
se desgasta el tiempo de los relojes
y la mujer que soy
maldice
el corazón atado a los recuerdos.

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La memoria despierta para herir
y aunque el tiempo lo consume todo
el destino trazará las líneas de su propio territorio.

Como un puño que golpea
el pasado supone una renuncia
la falsificación del encuentro fortuito.

El principio de una pasión se vuelve
una palabra mal dicha
que busca otro pronombre personal
diferente al yo, tú, nosotros
quizás otra vida difícil de alcanzar.


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Entre nosotros abril con lluvia
fue papeles escritos
guardados bajo siete llaves.

Ahora no sé
si dijiste
“nunca me gustaron las despedidas”
o “las cayenas sangran con sólo llamarlas espejismo”.

Tampoco recuerdo
si aseguraste que París en otoño
se asemeja a los relojes detenidos.

Puede que me hayas olvidado
mientras mirabas caer el agua bajo las catedrales.
Sin embargo,
al rememorar lo puro de esos días
tu presencia se confunde con las horas
palabras —casi susurros—
dichas al borde del camino:
“casarse lluvias, desbocarse vientos...”.


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No basta sangrar antes de amar
volver a la fugacidad de la noche
romper antiguos papeles
morir en el ocaso de tu cuerpo
deslizarse en el presente
y repetir: no te olvido.

Tampoco alcanza
esta fatiga anticipada
ni el desasosiego de no poder más
la asfixia traducida en tedio.

Sólo necesito
llorar la dulce espera de los besos
buscarte en el abrazo donde se entrecruzan
la rabia y el íntimo comienzo,
perdonar que vuelva a decir
“escribo cartas de amor
hastiada de miedo”.


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La impureza de estos días
jamás llega con traje nuevo.
Los hombres se acomodan a sus nostalgias
y ven pasar las hojas arrastradas por el viento.

Nosotros, sobrevivientes de lo inexorable
nos quedamos con los golpes en las puertas
el sol huyendo por las rendijas
quizás la primavera bajo el cielo turbio
un implacable “esto llegó a su fin”.

Nada hemos perdido
se claudica para decapitar besos
volver al humo de los cigarrillos
y exorcizar aquella canción
María Bethania: meu querido, meu vello
un lugar llamado Brasil.


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Al final de la tarde
pienso en un lugar para la ausencia:
colegio, casa, parque.

Silencio,
y más silencio alrededor de la derrota de aquellos días.
Vuelve el latido doloroso
convertido en queja
la maldición de estar viva.

Alguien vino desde lejos
emborronando la pasión
que no puede ser nombrada.
Desde un gesto final y tardío
guardo su desamor
olor de velas apagadas
breve tiempo para llorar
lo que nunca cicatriza.


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Si te quedaras inmóvil,
casi ausente,
una pequeña sombra
mancharía la perfección del paisaje.

Entonces sería el momento de tomar tus manos
y hablarte de los días huérfanos
llenos de alcohol, sollozos reprimidos
la interminable espera.

Pero entre nosotros
no hay refugio para buscar otros sueños
tan sólo un espacio
donde nos duele la vida.


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Tarde o temprano quien ama traiciona,
reza el proverbio.
Y así fue,
de nada sirvieron los adioses presentidos
o esta permanente,
casi duradera decepción.

Cierro los ojos
y veo la desgarradura
antesala dolorosa a la caída.

Pasó demasiado rápido
el agua bajo los puentes.
Las conversaciones en el atardecer
captan el instante de la ruptura
abrazos que se resisten a separar
el rumbo arbitrario de nuestras vidas.

A veces,
basta una lágrima
para abandonar algunos días habitados,
lo digo desde la impotencia y sabiendo
que no habrá
“un hasta siempre”
que mitigue este desconsuelo.


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Llegó el otoño
y bebo alcohol hasta perder el frío.
No hay nadie en los andenes
sólo un pequeño lamento
para insultar lo más amado.

Esbozo una sonrisa
y mientras espero el tren
la desolación se convierte en una lenta agonía.

Al pensar en el suicidio,
me digo:
es necesario vestirsede tierra mojada
volver a las ensoñaciones
marcharse sin congoja.

Pero es inútil encontrar
razones para la lluvia
que adormece y lastima los ojos.

Pronto se cerrarán las maletas
y en la noche de la huida
finalmente
nos quedaremos solos.

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posted by Patricia Venti at 9:25 | 0 comments

Alguna vez el escritor Thomas Hardy dijo haber visto en el tren a una muchacha "de una belleza perturbadora, con ese aire que embriaga y sólo puede hallarse en las personas que casual y brevemente encontramos por la calle; y nunca entre propios y conocidos (…) ¿De dónde viene? ¿A dónde irá? ¿Quién llegará a conocerla? ". Leí este texto en un avión de vuelta a Europa, y pensé de nuevo en Guadalupe Villalobos.

Yo había aprovechado una de mis estadías en México D.F., en casa de unos buenos amigos, para saber más de este personaje, una chiquita de San Luís Potosí y otra víctima más del engranaje de las celebridades. Pensé que esta niña de apenas diecinueve –una dependienta según algunas biografías, una cajera según otras– estuvo donde no tenía que estar, se sentó en algún tren o se cruzó en la calle casual y brevemente con quien no debía. Incluso conozco el nombre de esa persona, Hal Roach.

Guadalupe Villalobos, fue a embriagar en mala hora a Hal Roach, un conocido cazatalentos de Hollywood con muchas estrellas en su haber; uno de esos hombres que no “se preguntan”, sino que paran, invitan y aseguran que en absoluto importa el “de dónde vienes”, sino el “a dónde quieres ir”. Y ¿quién a los diecinueve no quiere volar muy alto?

Antes de cumplir la veintena, la dependienta del D.F. pisaba Hollywood y daba comienzo a una carrera fulgurante. Cuarenta y siete películas. Lupe “la Fierabrás”; Lupe “la Mexicana Explosiva”, la flor roja del Hollywood de los años 30, y la cama de todos sus actores.




No me interesaba en absoluto la Lupe del “torbellino latino de pasiones”, como la tildaban en la prensa rosa. Me imagino perfectamente cómo llegó la cajera del D.F. a picar tan alto y caer en brazos de cada estrella masculina del reparto. Gary Cooper, Douglas Fairbanks, John Gilbert. De día en la pantalla, adoptó el cliché de volcán latino que le ayudó sin duda a mantener un pequeño éxito cinematográfico. En la noche interpretaba el mismo papel, quizás el único que conocía; me imagino el trasiego de hoteles y de glamour aderezados con un continuo escándalo público. “La vampiresa de todos nuestros sementales”, la apodó con saña un conocido productor. Otro la denigró en público con una fanfarronada machista que corrió por todo Hollywood: Sólo hay tres reglas para aceptar la invitación a su camerino: 1. No tener problemas cardiacos. 2. Haber hecho gimnasia durante el trimestre anterior y 3. Al menos, que te toque el segundo turno, a ver si con suerte está cansada ¿Cuánto podía aguantar así, a ritmo de caballo loco y rol de mesalina latina? El carrusel emocional no iba a conjurarse por arte de magia mediante una boda, desde luego. Sus cinco años de matrimonio con Johnny Weismuller –un lustro de locuras y mayores escándalos si cabe con el Tarzán por antonomasia– fue una sucesión de cielos e infiernos que culminó en un basta ya de él, y la primera gran depresión en ella. El combustible se agotaba. En apenas cuatro meses de ausencia, la industria consideró que el pozo cinematográfico estaba acabado y cesaron las fotos, los contratos y el cortejo de las estrellas. Estación término. Tenía 30 años.


Siempre me ha interesado más la otra Guadalupe Villalobos, la de la mala estrella a los diecinueve. La chica que se cruza casual y brevemente, y embriaga al hombre equivocado que lleva a Pinocho al País de los Juguetes, y a ella al lupanar de las estrellas. Sin embargo, de Hollywood como de los infiernos reales, no se retorna. En un esfuerzo último por agarrar el furgón de cola, Guadalupe volvió a sacar fuerzas de flaqueza y filmó su mejor película, “The Girl of Mexico”, pero reinventarse también es imposible en Hollywood. Acabada tiene siete letras, no más. El resto fueron series B, hiperactividad sexual con actores desconocidos, muchachos de pago, mantenimiento ficticio de un tren de vida que consumió todo su dinero. La naufraga ya estaba asida únicamente a la tabla de salvación de un actor de segunda llamado Harald. Y cuando una tarde de mal hado le dijo a este botarate que iba a engendrar un hijo suyo, que no podía abortarlo, que quería al menos “un matrimonio aunque dure cinco minutos no más y el apellido de un hombre para que no pase la vergüenza de ser el hijo de todos”, es fácil imaginar un adiós por respuesta. Qué desprestigio, casarse con la ramera vieja de Hollywood.

Era 1944. Tenía 36 y no cumplió más. Está vez sí, estación término.

En alguna biografía, Lupe la de la sexualidad atómica, reunió a sus amigos y les ofreció platillos mexicanos y champán. En otra, estaba sola y bebida cuando subió a su dormitorio. Quizás no importa. Ella se desnudó. Preparó una cama de seda blanca. La llenó de pétalos de rosa. Se afeitó el pubis en forma de corazón, y la ramera vieja de Hollywood tomó seconal sódico. Pero en el Hollywood de los Juguetes, no está permitido a Pinocho fabricarse su propio guión trágico; ella era una actriz mediocre de comedias de risa, sin derecho a mayores. Punto. Así que la mujer vomitó parte del seconal y el champán. Entumecida se arrastró al baño, perdió el sentido y la halló la policía ahogada en la taza del inodoro. Qué risa amarga. Qué espanto que en América los váteres contengan palmo y medio de agua, una cosa fatal para cualquier suicida estuporosa que asome la cabeza en la taza.

Nadie la recuerda en Hollywood, como es natural; y seguramente con razón. A mi, sin embargo, no se me pasa la mala estrella de Guadalupe Villalobos Vélez, de diecinueve años y una “belleza perturbadora”, que se cruzó casual y brevemente con Hal Roach, el cazatalentos, una noche en el D.F.; y él no se limitó a desearla en silencio y preguntarse ¿de dónde viene? ¿a dónde irá? ¿quién llegará a conocerla? Sino que la tomó de la mano y la embaucó hasta el País de los Juguetes.

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posted by Patricia Venti at 13:47 | 0 comments

Barcelona, 11 de diciembre

Me dejaré de sentimentalismo y lo diré de una buena vez: lloraré pero un poco nada más, gritaré pero lo preciso. Me haría falta decir “al infierno con todo” para hacerme la fuerte y mantenerme en pie. Señor García, usted no debe arrepentirse, hemos compartido lo justo y necesario, solo que me ha llevado por delante sin fijarse en los carteles: “¡cuidado, zona peligrosa!”. Pensaré en usted cuando haga el amor, trataré de no olvidar su rostro para reconocerlo. Si aparece nuevamente y me cuenta una historia de amor, de esas que nos saltan las lágrimas de tan solo escucharlas. Deseo matarme, ¿quién lo impedirá?...

Barcelona, 21 de diciembre

El miedo se cuela por las rendijas de la ventana, tengo fiebre y las arcadas me suben del estómago a la garganta. No puedo controlarme, si voy a la cocina miro hacia el teléfono y corro hacia él. Hoy lo hice por lo menos quince veces, me alivia escuchar una voz aunque sea por unos instantes.

Barcelona, 23 de diciembre

Quemé las fotos de Raúl sin arrepentimiento. La escritura ni siquiera sirve para mitigar el desarraigo, cambiaría todas estas malditas frases por sus besos. Me siento incapaz de empezar otra vida. ¿Qué hacer con mi cara? esa pequeña arruga que me ha salido al lado de la comisura de la boca parece persistir y hacerse cada vez más patente. No hay remedio, finalmente quedará incrustada en la piel como un accidente en el mapa.

Barcelona, 25 de diciembre

El libro del I Ching acertó en su dictamen: “El peligro está delante de uno. Verlo y saber detenerse, es sabiduría”. Hice un segundo intento por desaparecer. Deseaba encontrar el comienzo en el final, impugnar la vida. Había cola en la emergencia, me conectaron a una manguera por donde el suero bajaba deprisa, sentía entre las sábanas a un ejército de hormigas. ¿La locura es vagar horas y horas a oscuras por un callejón o una fina membrana que nos enceguece sin darnos cuenta? Debajo de la cama retumban silbidos, ¿por qué he aguantado tantas ofensas en nombre de la memoria? Las sombras cobran forma a través de las lámparas, las persianas. ¿Dónde está el arte? ¿Es quizá el retrato o el modelo del modelo? ¿Es mi herencia el lenguaje? ¿Una enfermedad que se hace a sí misma? La bilis es siempre amarga, horror en estado más puro” Escribir se ha convertido en un acto de fe que se erige para maldecir y celebrar la desesperación. Mi voz es la única prueba válida de que existo.

Barcelona, 3 de enero

Desde hace una semana estoy en una clínica de “reposo mental”. Este lugar es patético. Cuando entré en mi habitación-celda había una bata encima de la cama. Anduve de un lado a otro como un animal encerrado. Me senté primero en un sillón y pensé “¿Cómo se puede vivir en un lugar como éste? el sufrimiento de Baudelaire, el suicidio de Nerval, el silencio de Rimbaud, la fugaz presencia de Lautréamont, la locura de Van Gogh son pruebas inequívocas que el arte no salva”. Luego en el suelo, doblé las rodillas a la altura de la cara, hundí el rostro entre las piernas y los brazos en torno a ellas. Un siquiatra se me quedó mirando y le preguntó al colega: “¿Por qué la han ingresado?”, el hombre respondió: “Depresión endógena con tendencias suicidas, el último intento le dejó las muñecas destrozadas. Vive sola como la mayoría de las internas”. Estuve en la misma posición durante varias horas; alcé la vista, contemplé las paredes, las puertas, los muebles. De pronto oí un suspiro, en la puerta estaba una vieja que se tiraba de los cabellos y aullaba con desesperación. El terror le había golpeado el rostro, sus ojos estaban desentonados, perdidos en otra realidad. Se reía, pronunciaba frases inconexas como una pesadilla entrecortada. Posteriormente se mordió una mano y su mente entró en confusión total. Casi a punto de ahogarse, desgarró la tela de su bata y salió corriendo por el pasillo.

Barcelona, 8 de enero

En la habitación vecina hay una negra con la cara enterrada en la almohada; más allá, cerca del comedor, una mujer paralítica llora en silencio y mueve los labios. Frente a mi cuarto, una gorda duerme intranquila y se queja como si estuviese sufriendo. No logro descansar. ¿Dónde estoy? ¿Mi casa? ¿El psiquiátrico?, la araña pende del techo, los zapatos de tacón alto de mi madre me condenan. Hay grietas, llagas. Ahora los brazos son muñones, de la cintura para abajo la piel se ha caído, no puedo caminar. Temo morir con el rostro desfigurado bajo un periódico viejo. No le daré nada a las fieras, las mataré a golpes. Estoy habitada por una jauría, sostengo la bobina. Estoy en libertad. Escribo contra el mundo y juro decir toda la verdad. Confiteor Deo omnipotenti es.

Barcelona, 17 de febrero

¿Cuántas locas habría en el dormitorio común? Sonámbulas, epilépticas, suicidas, esquizofrénicas, depresivas. Se necesitan reglamentos para esas criaturas nerviosas, violentas, gritonas, amenazadoras, a quienes sus familias no pueden soportar por lo desagradables y nocivas que resultan ¿por qué yo me veo obligada a soportarlas? Tarde en la noche, una vieja vino a mi cuarto, me miró un buen rato y cuando la enfermera de la inspección nocturna entró, ella se fue. A duermevela, en la habitación alternativamente caliente y fría, he tenido visiones repugnantes.

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6 abr. 2008
VIAJE A PRAGA
Me embarqué en un tren rumbo Praga. Durante el trayecto, poco antes de cruzar la frontera alemana, aparecieron dos policías y me pidieron la documentación. Miraron minuciosamente el pasaporte, hablaron entre ellos y me revisaron el equipaje.

Una vez en la capital Checa, muy cerca de la estación, tomé un tranvía que me llevó al edificio donde había alquilado un cuarto. Delante del portal, busqué el apellido Kruger y presioné el telefonillo dos veces pero nadie respondió. Esperé un rato, volví a llamar y de repente una voz me contestó, le dije mi nombre y se abrió la puerta. Inmediatamente se encendió una luz, el olor repugnante de los contenedores de basura me cortó la respiración. Apresuré el paso para llegar rápido al ascensor pero éste no funcionaba. Subí por las escaleras y en la entrada del apartamento estaba un hombre mayor esperándome.

El lugar parecía un museo del horror, los muebles estaban tapizados con una tela de cuadros escoceses, los armarios eran de madera pero habían perdido su color. Los cuadros en las paredes eran malas copias de paisajes campestres y los adornos tenían aspecto de cerámica barata. Mi habitación en medio de todo aquello era sobria. Habían pasado dos días cuando el viejo me comunicó que se iría de viaje y me dejaba sola en el piso. En la tarde salí a recorrer la ciudad, había hermosos edificios neobarrocos, una torre con un reloj y varios cafés al aire libre.

La lluvia comenzó a arreciar y busqué un lugar donde refugiarme. Sin andar mucho llegué al "Café Arco", pedí un chocolate caliente. De improviso llegó un hombre con un impermeable oscuro, un sombrero de ala ancha. Se acomodó en una mesa cercana a la cocina y aunque desde mi sitio era imposible detallarle, me pareció un sujeto extraño. Después de un rato se levantó y discretamente se fue. No quise darle más vueltas al asunto, salí del local. La calle estaba húmeda pero había escampado.

Caminé sin orientación por la plaza central hasta un puente poblado de estatuas de piedra. Pensativa me recliné en la barandilla, miré el agua quieta del río y recordé los paseos nocturnos de los insomnes. En un momento dado, saqué un cigarrillo y justo cuando quise prenderlo, apareció el hombre del café. Se aproximó a mí, encendió una cerilla y la llama le iluminó el rostro. Me pareció conocerle, su figura delgada desapareció en la oscuridad y a pesar de que tuve la intención de seguirle, lo perdí de vista rápidamente. Continué caminando un buen rato pero hacía frío y casi todos los bares habían cerrado.

En casa, me quité los zapatos semihúmedos e hice una breve exploración del terreno. Todas las habitaciones estaban cerradas con llave, excepto mi dormitorio. Ya por acostarme algo capturó mi atención: justo en la entrada había un armario que tenía la llave puesta, pensé en abrirlo pero logré contenerme. Temprano en la mañana, los gatos empezaron a maullar. No pude volver a conciliar el sueño. Me levanté, fui directamente hacia el escaparate y lo abrí: en las puertas habían recortes de periódico con noticias de personas que se habían suicidado en el puente. Pero lo más llamativo no era esto sino los manojos de cabellos colgados encima de cada uno de los papeles.

Cerré violentamente el mueble y empecé a guardar la ropa en la maleta. Casi por terminar, traté de tranquilizarme, salí a dar una vuelta por los alrededores. Llegué a un McDonalds, me detuve y la tapa de una alcantarilla se levantó. De la abertura brotó un chorro de aire caliente, podrido. Un mendigo ciego me gritó que bajara, le hice caso y descendí por una larga escalera instalada en el pozo de hormigón.

Tardé un rato en habituarme a la oscuridad, pero poco a poco las luces de las velas alumbraron a 15 niños acurrucados en las esquinas de una cámara de ladrillos o dormidos sobre las tuberías de la calefacción. Allí, uno de los líderes del grupo me dijo "Llevo 12 años en las calles, pero aquí la vida es distinta, la mayoría de nosotros ha dormido en la estación de ferrocarriles, ahora hemos cambiado". De pronto pensé en las palabras de Goethe poco antes de morir : “Más luz, más luz” y ví una mujer sentada en un rincón. Entonces le grité "Madre". La tomé de una mano, quise abrazarla y abracé un humo ligero. El deseo y la impaciencia habían quebrantado la ley.

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posted by Patricia Venti at 11:19 | 0 comments
4 abr. 2008

"Hay que reinventar el amor" dijo Rimbaud.

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3 abr. 2008

Aunque me quedé fuera de todo
no quiero caer sobre cualquier mentira.
Otro tren pasó
dejándome fuera de tu cuerpo.

Tal vez se trataba de eso:
misterio,
un zarpazo final
y luego,
el desconsuelo
o unos cuantos desengaños.

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posted by Patricia Venti at 20:38 | 0 comments
2 abr. 2008

...ya sabes, hay cosas inexplicables. Por azar o no, volví al tema del holocausto judío. Fíjate que extraño, una tarde fría del invierno madrileño, entré al metro pensando en mi vida, en mis proyectos vitales y parecía que nada tenía sentido. Sumida en esa extraña melancolía de los días grises, poco antes de llegar al andén del metro, oí cantar a una mujer algo que me sonó familiar pero desconocido al mismo tiempo. Pasé a su lado y como se me hacía tarde, no me detuve. Mientras esperaba el tren, seguí escuchando la canción y , (no te puedo explicar por qué) , empecé a llorar. Sentí una gran necesidad de volver hacia la señora. Le di una moneda y al preguntarle en qué idioma cantaba, me respondió: "en Idish". En ese momento supe que mi vida había cambiado.

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posted by Patricia Venti at 12:56 | 0 comments




En este, mi cuerpo,
solo cabe la incertidumbre
hasta que apareces tu
tratando de descifrar
el enigma.

Pero como toda tarea
de vislumbrar el sosiego
en una casa en llamas,
es inútil,
me pregunto:

¿Qué se puede esperar
de una dama en ruinas
si no hay conceptos que la sostengan?

La incertidumbre nunca me asustó
sin embargo,
repites:
"nada es estable, nada"
mientras muy bajito te digo,
con los ojos llenos y la botella vacía,
te amo.

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posted by Patricia Venti at 11:48 | 0 comments

Error

Una enfermedad nerviosa le impulsaba a arrancarse el pelo. Después de tres años de rozar más labios que ninguna otra, Marta conoció a un alemán y se fue a vivir con él. Ella fregaba la sartén de hierro, rascando con fuerza la grasa incrustada. Entonces, él la miró y le gritó:

-¡ Bájate las bragas!.
Esta vez, no le obedeció.
-Cabrón, ¡jódete !

Y entonces lo hizo, agarró fuerte el sartén y golpeó su cabeza una y otra vez, una y otra vez. El cuerpo del hombre se balanceó y cayó desplomado contra el suelo.
La sangre se expandió por el azulejo blanco de la cocina, las paredes se convirtieron en un tapiz de estrellas...
Marta limpió la sangre con una bayeta empapada en lejía, después arrastró el cuerpo hasta la habitación y, con gran esfuerzo logró subirlo hasta la cama. Se preparó un café y pensó que toda su vida se paró en el poso de la taza, en sus ojos inmóviles ante el reflejo, en su mente cargada de sueños imposibles. Toda su vida se paró ante el miedo.
Salió a la calle temblando. Encontró un hostal y pasó la noche en vela. Al día siguiente regresó a su casa. El cuerpo empezaba a desprender un olor nauseabundo. El olor era, esta vez, el límite en el tiempo.


Se acabó

Bajo mi sobresalto y con el desayuno dando vueltas (el café de las arcadas perpetuando mi vida insana) suena alguna canción y todo me parece una broma del destino. Hace tiempo que abandoné la poesía. ¿Y tú? ¿También haces el idiota con las palabras?

[ pues escribe algo bonito en los coments, anda! que estoy en “uno de esos días” ya sabes...Incoherencia-psicosis-desenfreno-tristeza-Dios-cambio-dimelotú o yoquesé...]

Toda esa basura que no se lee desparramada en 30 líneas con un periódico (el mismo que llevo toda la vida vomitando). Sólo eso. Si quieres más: dime que mañana irás a la iglesia. Prometo estar contigo para hacer algo grande.

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posted by Patricia Venti at 11:38 | 0 comments

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posted by Patricia Venti at 11:33 | 0 comments

El sistema incluye a corderitos y también a los marginales. Todo corderito necesita un okupa, un outsider, un delincuente descarriado y precoz, un facineroso, o una escandalosa farandulera a quien le reventaron los pechos de silicona dentro de un airbus 600, con cuyas imágenes e historias consolarse o escandalizarse; como un ejemplo del peligro que acecha en el bosque. Así, por mucho que el transgresor hipermarginal se considere afuera, está adentro. Aunque reniegue de él, el sistema lo necesita, los procrea, los multiplica, los amamanta, los utiliza. Los ejemplifica. El sistema no excluye a nadie, absorbe a todos.Por ello, los niños no cantan cuando los adultos tienen miedo. A veces aparece mi madre en sueños, ella se está bañando en un lago y de pronto oigo sus gritos pidiendo ayuda: “sálvame de la muerte”. Sin embargo permanezco inmóvil, sentada en una silla como si no ocurriese nada. Por años pensé que infancia y culpa significaban lo mismo. Ella supo hacer bien su trabajo: crueldad por omisión

(Pausa)

Me arrimo muy lentamente. Una gota de transpiración cae por mi cara como punta de navaja. Observo con asombro su vuelo y hasta, por un momento, me veo en esa gota. Se queda por un rato iluminando con maliciosa elegancia las sábanas. Me mira como gozándome, como demostrándome que en cualquier momento me puede quemar, iluminar todo hasta matarme. Se acerca muy de a poco… “¡Basta!”, le grito. Ríe y se va.

(Pausa)

¿Acaso saben lo que me pasó en Barcelona? ¿Acaso les conté lo que hizo mi amiguita con los espejos la noche en que descubrió que yo la despreciaba? (pausa). ¿Y aquella historia increíble de la oveja sifilítica que contagió a mis ocho nietos alpinistas? Bueno, por si no lo saben, la oveja se volvió pederasta. Contagió a toda la familia y nunca dejó de reproducirse porque la tía Jacobina la golpeaba con un bastón blanco como un rayo envenenado. ¿Pero qué pasó con el judío converso que quemó más de 25.000 libros en la Plaza de la Ópera de Berlín?

(frunce el ceño, con una mano acaricia de forma nerviosa a un perro invisible, le pega una patada y luego recita)

Todo sentimiento se confunde con el rumor de besos,
la carne se enquista en perpetuo dolor.
Un gran frío me habla de la pestilencia del alma
mal sueño que crece en la tierra
huellas del no ser para siempre.

Este poema es de 1942. ¿Algo ha cambiado desde entonces?

(Pausa)

Mejor hablemos de cocina. En una cazuela de porcelana refractaria se hace un caldo de conchitas. En cuanto hierva (sube la voz) gritas “mamá” y te haces a un lado. Esto formará una pasta homogénea llamada “pastacciuta”. Luego (da pequeños brincos) se salta una banqueta habiéndola untado previamente de huevo batido y gelatina. Una vez hecho esto, se estraga el culo hasta desposeerlo de las glándulas naturales de un estragón.

(Pausa)

Pero volviendo al tema de la vida. Yo estoy en boca de la muerte, insomne y consecuente en mi oficio de idiota desamparada. Me gustaría que en vez de esto que voy diciendo, fuera una novela con personajes y todo. Llevar una agenda, tomar notas como Trigorine en La Mouette, perfectamente vestida, con las manos pálidas posadas sobre cuartillas, escribiendo con la Rolls Royce de mi lapicera. Seria, serena, diciendo qué interesante, pronunciando conferencias, interpretando histórica, sociológica, antropológicamente y políticamente, lo que pasa afuera.

(Breve silencio)

¿En dónde quedé? Ahhhh si, ya recuerdo. En el fondo de todo hay un jardín.

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posted by Patricia Venti at 11:29 | 0 comments


I


La mirada de Van Gogh está ahogada
transcribe las sílabas de mis dobles.
Su autorretrato lo sumerge en la tela
libera una tempestad y captura el devenir sobre los párpados cerrados.

Digo que no lo conozco
pues durante su vida giró soles ebrios e inundó el paisaje.
La impureza venció el imperio del hambre
y para ser puro persiguió el mar sobre un caballo empapado en sangre.

Pero el desgarramiento brota como girasoles
y el mal
y la locura
y luego un gran golpe
solo un golpe sin golpearlo...


II

Feroz encuentro entre sus ojos y densas voces.
¿Dónde buscar?
Golpes en mi memoria anuncian la traición.
La reina vestida de mujer-loba
habla del vértigo, de su dolor, de tu desamor.
De la tierra mana sangre
y los cuervos cantan lo funesto de esta historia:
lo veréis con ojos ya ausentes.


III

Si me afinco en el recuerdo
entreveo agua,
escucho un batir de alas, timbales luego tristeza.
El río fluye bajo el puente
un loco deja su mueca o pintura derramada sobre el lienzo
Olivares de Saint-Rémy, luego la muerte.


VI

El infierno es ya de este mundo
y el hombre no conoce el alivio para sus males.

La gran mentira de todas las enfermedades
estalla dentro del hospital psiquiátrico.
Los criminales del alma esculpen la estupidez
e infectan los instintos transformándolos en fiesta delirante.

Así pues, la decadencia pudre el cuerpo
no quiero decir, peste o la nada que nos reviste.
Hablo de bocas amargas después del salto
o quizás de un pintor llamado Van Gogh,
cuyo lamento amarillo quedó atrapado a pocos centímetros del lienzo.

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posted by Patricia Venti at 11:12 | 0 comments


Barcelona, 11 de junio

Anoche cerca del puerto, apareció una vieja con dos bolsas llenas de trapos. A pocos metros de la mujer había tres borrachos que gritaban, uno de los hombres se levantó y le preguntó “¿Señora marquesa, adónde va con tanta prisa?”, todos se rieron. La mendiga se detuvo un minuto y les contestó “Hijos de puta, mal nacidos”, luego prosiguió su camino. Me alejé del lugar y en la parada de taxis presencié una discusión entre una pareja y fue en ese momento cuando supe que mi vida siempre estaría impregnada de las tragedias de otros.


Barcelona, 22 de junio

Tengo insomnio, las agujas del reloj no avanzan, pienso todo el tiempo en llamar a Raúl. He devorado seis bocadillos en medio del caos. Pan integral con rodajas de tomate. Las migas han rodado por debajo de la manta. Hambre clandestina después de un maratón de ayunos. Degradante. No he conseguido ningún trabajo estable. Ni siquiera un miserable remiendo. Naturalmente que la falta de dinero me tiene descuadrada en todos los aspectos. Para empeorar las cosas, debo seis meses de arrendamiento y me están pidiendo que desaloje, pero no tengo forma de hacerlo. Y como las cosas malas nunca vienen solas, para completar, me tuvieron que hacer una infiltración en las piernas porque me fallan bastante. El último sueño que tuve fue curioso. El portero del edificio me entregaba una carta -enviada por Bioy Casares para Helena Garro- extraviada desde hacía 30 años. Al terminar de leer la misiva, la puerta se abría y un revólver me disparaba. Como siempre el despertar fue brusco, fulminante como echar por la boca, sin vómito, el contenido del estómago.


Barcelona, 28 de julio

Me atiborro de tanta comida que me es imposible dormir. Algunas veces me introduzco los dedos en lo más profundo de la garganta para sacar todo el rencor de un cuerpo deformado por la grasa. Con cada espasmo expulso una buena cantidad de sustancia ácida, fétida. Los sentimientos de culpa disminuyen a medida que mi estómago se vacía. A veces me acuesto en el sofá varias horas y cuando logro levantarme, voy directamente a la báscula. Para proseguir con la tortura, trato de ponerme unos pantalones de talla 40 y en el forcejeo reviento la cremallera. Ante el espejo, casi a punto de llorar, me digo: “Falta poco, paciencia”. Luego destapo el paquete entero de papas fritas y las mastico a toda prisa.

Barcelona, 6 de agosto

En la infancia comer era un sacrificio, mi madre antes de almorzar me relataba siempre lo mismo: “Había una niña que vivía con su familia en un árbol. Ellos eran felices pero a medida que los días iban pasando, la muchacha fue perdiendo peso hasta desaparecer. Una noche hubo una tormenta muy fuerte y el viento se la llevó a un sitio de donde no se regresa jamás”. Seguidamente una cuchara de sopa iba directa a mi boca, quería escupir esa sustancia caliente pero la tragaba por el temor de quedarme sola como la niña del árbol.

Barcelona, 12 de agosto

El fin de semana pasado regresé a mi casa. Dejé de tomar los medicamentos y he sentido mucha angustia. Ayer, por ejemplo, abrí la nevera y me quedé parada con la puerta abierta mirando la leche, el jamón reseco, la media naranja cubierta con papel de aluminio y el queso. Engullí todo lo que encontré en los armarios: Pan, cerveza, magdalenas, chocolate, aceitunas. El estómago se me infló como un gran globo. ¿Por qué razón debo controlarme? ellos argumentaban “Quedarás hecha una masa de pliegues pechos llenos de estrías y brazos con celulitis” pero si logro controlar mi apetito, ¿dejaré de ser una niña monstruo?

Barcelona, 25 de agosto

¿Es el olvido necesario para sobrevivir?, ¿cuándo se acabaran los días de interminable espera?, no aguanto un momento más de añoranza o desamor; soñé con una mujer - ¿mi madre?- que me decía: “Te has quedado seca” y no tuve más remedio que admitirlo. No tendré hijos, y lo que es peor aun, a quién le importa.

Barcelona, 12 de septiembre

Mis obsesiones siguen vigentes y me arrastran por donde no quiero. ¿Acaso soy un personaje de ficción cuyo destino y obra ya están escritos? ¿Fui creada para paliar la locura de un novelista? Tengo más miedo que antes, súbitamente todos me tratan como si fuera adulta. ¿Por qué aún entre tanta desdicha, sigo sintiendo cierta ternura a prueba de mis prójimos-extraños? De todos modos no vale la pena lamentarse porque yo ya no existo.

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posted by Patricia Venti at 10:58 | 0 comments
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