El avión aterrizó a las diez y media de la noche. No hubo retrasos, y mientras pasaba la cinta con diferentes bultos, tuve miedo de que mis maletas se hubieran perdido. Entonces, comencé a pensar en los interminables tramites que hice en Alemania cuando mis maletas se extraviaron. Sin embargo, al cabo de unos 10 minutos, tenía el equipaje al lado. Llamé a M. pero su móvil estaba apagado. “Lo de siempre, lo desconectó para no hablar conmigo”, me dije. En cuanto salí de allí, noté inmediatamente que estaba en otra parte del mundo, hacía frío. Tomé un taxi y fui al Hotel Castelar, en la Avenida de Mayo. Al cruzar el umbral, respiré tranquila, aunque no por mucho tiempo. El ascensor se había dañado y me tocó subir por las escaleras hasta la tercera planta. Al abrir la puerta de mi habitación, me di cuenta que me habían otorgado el cuarto de las escobas. Me sentí estafada, todo parecía viejo y roñoso. La moqueta estaba raída y la colcha de la cama, sucia. Pero lo peor, vino cuando entré al baño. Si se abría el grifo de la ducha, salía agua del desagüe. A parte de esto, las toallas tenían sendos agujeros y el WC estaba pegado al lavamanos, es decir, si uno se sentaba en la taza, la cara le quedaba a la altura de la palangana. Y por último, en el minibar, solo había dos botellines de agua, tan caros como si fueran champán francés. Así pues, como era tarde y me quedaban pocas horas de sueño, decidí acostarme y contar hasta diez.

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posted by Patricia Venti at 16:14 | 2 comments
28 ago. 2007
ESCRITO AL AMANECER


Por las calles invernales de Buenos Aires
te nombro
hasta hacerte desaparecer.

Hoy
solo es posible
el desencuentro
fuego sobre el rostro.

Hablo con la voz de los verdugos
y en la oscuridad,
yo
tierna, lejana
extrañamente judía
te absuelvo
te abandono.

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posted by Patricia Venti at 18:35 | 1 comments


Pertenecemos a una raza que siempre está sola, dijiste. ¿Es acaso un testimonio desde el otro lado?.....Eres polvo y quieres asesinar pero la tierra te adormece los sentidos. ¿Cuáles? Aquellos sumergidos en el fango sintiendo la existencia como mal-de-ser. La materia cerebral huye de ti por sífilis o peste. Artaud, es tu nombre cuando sopla el viento frío. Tu conoces los tumores de la alquimia, las huellas en la garganta del ahorcado. Es cierto que un hombre fue arrojado a un basural. ¿Quién?...¿Quién? Yo en todos los ausentes o quizás el poeta antes de su nacimiento. ¿A dónde vas? ¿hacia que árbol te diriges? Callas y finges duros versos expectorados. ¿Y la locura? un trasplante fuera de la esencia o un puñado de huesos pulverizados. Van Gogh, ou le suicidé de la société, se despoja de si mismo y ustedes no podrán olvidarlo, nunca jamás olvidarme.
 
posted by Patricia Venti at 18:23 | 0 comments
El corazón es un organo que late rítmicamente y no se detiene por penas ni amarguras. Al terminar la jornada, me he quedado sobre el viejo sofá contemplando la soledad de costumbre.
Del-entonces- y- el allí- sobran las respuestas- y aún así:

¿Cuándo dejaré de sentirme la niña abandonada?

¿Cuándo dejaré de llamar a un número sin línea?

¿Cuándo dejaré de pensar en el suicidio?
 
posted by Patricia Venti at 17:58 | 0 comments

El destino es a veces caprichoso y no sabe casi nunca de cariño cuando juega con esencias. Laura estaba en la heladería cuando sonó el móvil. Oyendo llorar a su madre, supo que algo grave había ocurrido. Un coche había arrollado a su perro. La escritora sentía, que toda su vida había sido una película llena de infortunios. Y lo que era peor: le habían asignado un papel que aborrecía interpretar. Su cerebro comenzaba a mostrarse inquieto. Tenía la lucidez necesaria para no acabar desbordada ante el vacío provocado por determinados acontecimientos. Sentía un vacío cada vez más difícil de justificar. Tenía la extraña sensación de haber vivido como dentro de un vaso de agua con aceite. (pág 90)
 
posted by Patricia Venti at 17:37 | 0 comments
Era febrero, granizaba con fuerza. El agua se había congelado en el pavimento. Los pies me dolían, necesitaba unos zapatos de invierno. Entré en un centro comercial, recorrí todas las plantas y en la sección de calzado encontré unas botas negras de piel. Me las puse, dejé mis mocasines viejos sobre el mostrador y bajé por las escaleras eléctricas. A medida que avanzaba hacia la salida, sentí como se me aceleraba el pulso. Con los pies fuera de la tienda, sonreí y caminé varios metros. Me detuve en un semáforo en rojo, tuve la impresión de que un policía estaba detrás de mí. Pero al volverme, no había nadie.



Crucé la calle, pasó alguien que no había visto jamás. Era una mujer desnuda que llevaba puesto un sombrero con flores. Aquello no podía ser real, quizás lo estaba soñando. Seguí andando por la misma acera, la imagen era un carrusel enloquecido, un fotograma congelado. Encendí un cigarrillo, me detuve frente a una valla publicitaria, estuve pensando y sin saber cómo, volvió a aparecer la mendiga. Esta vez la vi de frente, tenía mi rostro con treinta años más. Traté de hablarle pero no se detuvo, siguió andando por un espacio inaprensible.

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posted by Patricia Venti at 17:28 | 0 comments
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